Mary anne

Angel,WeepingI.jpgEl aroma a rosas inundaba su estáncia. Mary Anne, había nacido en el seno de una familia acomodada. Su hermana, Joshephine, un poco mayor que ella, apareció por el umbral de su puerta, la silla en la que se movía chirriaba tanto que la despertó de su sueño.
Su vida era tranquila, las fiestas de su padre la obligaban, cada vez más, a aplicarse más en sus estudios de música, para competir con Amadeus, su primo. Ellos dos eran los conciertistas principales en tantas fiestas, Amadeus tocaba el piano como los ángeles, ella sabía que por mucho que intentase igualarlo con su instrumento no podría, Amadeus era un génio.
Las noches se hacían largas y tediosas, miraba por su ventana viendo los edificios Vienenses, deseando que alguien viniera a rescatarla de su prisión que era su vida, el corazón encogido y las lágrimas de rabia eran sus eternos compañeros en sus noches de vigilia.
Joshephine, entró en la habitación, ella despertó... o hizo que se despertaba al escuchar el tragineo de su hermana. Mary, quiero dar un paseo, le dijo su hermana nada más verla abrir los ojos. Josephine era menuda, rúbia y con cara de querubín, tenía dieciséis años y a veces la mirada de esta se clavaban en los ojos de Mary con una luz extraña, llegando a darle miedo. Su parálisis fue el producto de una mal formación cuando ella todavía estaba en el vientre de su madre. La cual murió cuando nació Jossye, como solían llamarla. Por ello Mary anne hacía las veces de madre, con tan solo cuatro años más que su hermana.
Mary se desperezó y se puso su bata, fue al baño y se aseó, poniendose su vestido de los días en los que iba a acompañar a su hermana de paseo.
Desayunó y empujó la silla de su hermana en dirección a la puerta de salida.
Uno de los mayordomos la ayudó a bajar a su hermana hasta el camino que conducía a los jardines, e incluso se ofreció para llevar la silla de Joshephíne, algo que ella misma se ocupó en negar.
El camino de las dos fue tedioso, más por Mary, que era obligada constantemente por su hermana a llevarla de paseo por las cuestas de los terrenos de su padre. Joshephine cantaba alegre, en su falda descansaba el cuerpo de un violín.
El jardín era enorme, el olor a rosas y azahar, flores de jazmin, jeráneos y madreselvas embriagaba el ambiente y hacía que el corazón de Mary se hinchara de gozo al ver revolotear a los insectos entre el abanico de colores que ofrecían las flores, pero a Josephine le gustaba siempre ir al mismo sitio, la fuente del angel.
Un pequeño lago hecho de piedra era el depositario de aquella estátua que a Mary le daba miedo, por su mirada caótica, como mirando por encima del hombro y desafiante a todo aquel que osara acercarse, dando una sensación de oscuridad constante debido a las enredaderas que en la fuente se posaban. El sonido del agua aplacó un poco los sentimientos de Mary anne.
Toca Mary, toca el violín. Le dijo su Jossye de repente, deseando como cada domingo que el concierto de violín ofrecido por su hermana fuera solo para ella.
Mary ane no se lo pensó un momento, la melodía del violín la ayudaría a pasar aquel tédio dejándose llevar por la música que sus propios dedos producirían. El sonido que desprendía ese violín provocado por las manos de Mary anne, provocó un siléncio próximo a la muerte, en un momento el canto del agua y el zumbido de los insectos pararon, solo se escuchaba la voz lacrimosa y desgarrada del violín y un llanto imperceptible a los oidos humanos.
Pasó la mañana y la tarde, llegó la noche y durante todo el día sintió una sombra tras de sí, como si un angel bendito la protegiera, muy al contrario de sentir ese pánico irracional que sentimos cuando notamos que se nos acecha, Mary anne encontraba en esa sensación un atisvo de alivio.
Subió a su alcoba, destrozada por dentro y por fuera, se sentía una criada más, una mujer de la servidumbre dedicada a hacer la vida de su hermana más fácil, sus lágrimas asolaban en sus ojos como espadas punzantes, dolorosas que se clababan directamente en su corazón.

Abrió la ventana, más por el instinto de sentir una brizna del gélido aire de invierno, que le recordase que estaba viva, que por otra cosa.
Se sorprendió al ver el violín fuera de su sitio, encima de la repisa con una rosa y una nota encima.
La nota rezaba " Toca para mí ". Mary anne frunció el ceño, aquella letra no correspondía con ninguna que hubiera visto antes, parecía muy antigüa, casi irreal.
Aunque no se lo pensó mucho y decidió tocar una melodía tríste, como su corazón, pero sus dedos empezaron a acariciar el violín transportando a su corazón a un paraíso donde la tranquilidad y el sosiego anunciaron que no estaba dispuesta a desgarrar otra vez esas cuerdas con su melancolía.
Se dirigió a la ventana, y cerrando los ojos, dejándose acunar por la luna, empezó a tocar.
La melodía del violin era desgarrada, rota, como un espejo que se cae y miles de millones de pedazos reflejan una sola imágen.
De repente la claridad de la luna se hizo fría, oscura, la visión de ese ser hizo que Mary Anne dejara de tocar para refugiarse en un rincón de la habitación. Pero no tuvo tiempo.
El ser se introdujo por el marco de su ventana, atravesó la habitación como un rayo y cogió a la chica de los hombros arrinconándola contra la pared. Mary anne pudo ver, para su horror, como el rostro de ese hombre se transformaba en el de una criatura horrible. No pudo evitar sentir una arcada de repulsión al ver sus manos posadas encima de ella, aquellas manos viscosas y lacerantes, tan horribles como el rostro, sin cuencas en los ojos y sin labio superior, dejaba ver unos colmillos exajeradamente granes. Mary anne sintió miedo, pese a él, su instinto de supervivencia la instó a luchar por su vida, intentó zafarse del abrazo de aquel ser en vano, intentó patear sus partes púdicas, pero al contrario de lo que se imaginaba, aquel bastardo no se conminó y siguió forzándola hasta quedar Mary anne al amparo de su destino.
Su mano bajó lentamente hacia el pecho de la chica, sintiendo ella como el horrible sucedaneo de persona estrujaba uno de sus pechos con tanta fuerza que Mary anne ahogó un grito de dolor entre la otra mano, que ahora tapaba su boca e intentó morder también en vano.
El dolor se hacía cada vez más punzante, más agudo, sintió la sangre escapar de su pecho, como si le hubieran habierto una herida enorme, por un momento, justo antes de llegar al estado de semi-inconsciencia que antecede a la muerte, sintió incluso como su corazón era estrujado por la mano de aquel monstruo.
De repente una mano deshizo el abrazo al cual estaba sometida, en su estado pudo distinguir una figura humana, unos ojos verdes y enormes miraban a ese hombre con el odio que se tiene a quien ha matado a un padre, sin articular palabra, la nueva imagen, un angel, pensó Mary Anne, desenvainó una espada, y de dos golpes certeros hizo que la cabeza del monstruo se desprendiese de su cuerpo.
El resto pasó como un sueño.
Mary anne, dolida por su herida, no podía moverse, aquella figura se arrodilló frente a ella, y le dió la vuelta para ver su cara. Era una mujer, morena con unos ojos enormes y verdes, su belleza era inhumana, su gracia, felina, y su voz... su voz era música.
La levantó como quien levanta algo muy valioso para sí, con la dulzura y la delicadeza de una madre, la llevó asta su cama. Allí Mary anne pudo ver por primera vez toda la magnificencia de aquella mujer que por segunda vez le hablaba, pero esta vez podía escucharla.
Solo le escuchó decir una sola palabra. Perdóname.
Acto seguido le mordió. Bebió un poco de su sangre, y después, para sorpresa de la misma Mary anne, ella se hizo un corte en su muñeca y la obligó a beber.
Mary anne, se sintió fortalecida, y para su sorpresa, la herida de su pecho se cerró.
Me llamo Dominique, su acento era ligeramente francés. Ahora eres mi sierva, tendrás que venir conmigo, pues aqui ya no puedes quedarte. Ahora formas parte de un grupo de sub-vampiros, eres un Goul, he tenido que hacerte esto pues de lo contrario hubieras muerto, y eso no nos lo podemos permitir ¿Verdad Danielle?, preguntó a una esquina de la habitación.
De la esquina salió un hombre, no tendría más que dos años más que Mary anne, de ser humano. Su porte era altivo pero agradable, sus movimientos eran graciles y su manera de mirar, turbadora. Acercandose a las dos, cogió el violin de donde estaba, tirado y roto en el suelo, y se acercó con él a Mary Anne.
No, no podemos permitirnoslo, Se agachó hacia donde estaba Mary, con sus manos marmóleas acercó su barbilla hacia su boca, y la besó dulcemente, casi rozándole los labios sin llegar a tocarlos del todo.
Mary anne, aunque recién curada, todavía estaba devil, a penas podía moverse. Danielle se hacercó a su armario y buscó un vestido. Después de un rato buscandolo, mientras Dominique le explicaba cosas extrañas a cerca de la vida de lo que ella llamaba un vamprio, volvió Danielle con uno de los vestidos más hermosos que ella tenía, aquel que utilizaba siempre en los conciertos para las fiestas de su padre.
El mismo la ayudó a ponerselo, desnudándola con sus delicadas manos de satén, acariciando su cuerpo sin llegar a sobrepasarse, y poniendole el vestido con la delicadeza de quien cuida a las flores.
Cuando ya todo estubo listo, salieron por la ventana, primero Dominique, luego Danielle, que ayudó a salir a Mary anne. Las manos de Danielle la cogieron muy fuerte por la cintura, pero solo lo justo como para que ella no se tropezase.
Salieron de las propiedades de su padre a paso ligero, Danielle siempre iba al lado suyo cogiéndola de la cintura para que no se callera, su debilidad era máxima en aquel momento, rallando la inconsciencia.
A las afueras estaba esperándoles un carro, sin ventanas a los lados y con un cochero vestido totalmente de negro, entraron en él. Dominique se sentó a un lado, y Danielle, después de ayudar a Mary anne a sentarse, se sentó al lado de ésta rodeandola con sus brazos. En aquellos momentos Mary Anne se quedó dormida, cansada, lacerada y asustada, sucumbió a los brazos de morfeo, en la misma medida que Danielle la arropaba entre los suyos.

Danielle miró a Dominique, acariciando el cabello de Mary anne, su rostro denotaba preocupación y preguntas.

No puedo hacerlo Danielle, no puedo volver a hacerlo. Le dijo Dominique.

Pero si tú no puedes convertirla como hiciste conmigo, entonces...

Puedes hacerlo tú, sabes todo lo que debes saber a cerca de los vampiros, tus enseñanzas han sido productivas, e incluso me he encargado de que sepas defenderte con la espada de la misma manera que yo sé. Tus pinturas son extraordinarias e incluso, por circunstancias ajenas a nosotros, he logrado que tu amor se fije en tí. ¿Que más quieres?, no puedo convertirla, ya tengo dos chiquillos y si el principe se entera caerá su furia sobre mí. Eso significa que también caería sobre tí y Monique, no puedo Danielle, si quieres convertirla hazlo tú.
Danielle miró a Mary anne, todavía dormida en su regazo, su rostro estába pálido y su respiración era irregular. No puedo hacerlo, decidió, no, mientras ella no me diga lo contrario. La llevaremos con nosotros, le dijo a Dominique mirandola directamente a los ojos, Será nuestra guardiana de día, y cuando ella me diga que desea ser convertida, la convertiré.
Los días pasaban ajenos al tiempo, Mary Anne practicaba fervientemente con su violín, mientras Danielle pintaba cuadros con su rostro como protagonísta único de la escena que plasmaba en el lienzo.
Incluso cuando ella no tocaba, y veía que Danielle pintaba, no podía evitar el deseo de cojer el violín y acompañar la escena con música de Brahms.
Su amor por él crecía a la par que se alimentaba con su sangre, aquellos momentos eran los más maravillosos que pasaban juntos.
Cuando él, recien levantado iba a su habitación y se tumbaba a su lado, y mientras ella se hacía la dormida, él le acariciaba el rostro con pétalos de rosa y flores de jazmin.
Ella se desperezaba y lo miraba, aquella mirada perturvadora que se perdía en su mente, como buscando dentro de ella un deseo escondido, ella lo miraba también, le gustaba esa sensación, percibía más notas en su mirada que en cualquier partitura.
Muchas noches, Danielle las pasaba tumbado en su cama, contemplandola despierta o dormida, pensando en quien sabe que, mientras ella se acercaba más a sus instintos más primarios. Mary Anne deseaba a aquel vampiro.
Pasaron dos años en los que felizmente para los dos, tuvieron que separarse de Dominique, la infatigable guerrera, en su interminable cruzada personal contra los malditos Tzismize, los Sabbat, la secta maldita de los vampiros, la llaga de corrupción para la mascarada. Aquellos que un día mataron a su padre.
Paseaban juntos por la ciudad nocturna, escondiendose en los recovecos más siniestros para pasar desapercibidos a los ojos del mundo, a veces Danielle tenía que alimentarse, nunca lo hacía en presencia de Mary Anne, aunque ella sabía el dolor que corria por las venas de Danielle cada vez que tenía que hacer eso.
Sus devaneos nocturnos fueron callendo cada vez más en sus propios placeres, tocar el violín mientras Danielle pintaba, Buscarse entre las esquinas de la casa y sorprenderse el uno al otro, contemplar la belleza de la luna abrazados en la cama de Mary anne.
Una noche, Danielle apareció como tantas veces en su habitación, estaba llorando, sus lágrimas rojas manchaban su rostro marmóleo, Mary Anne se sentó en la cama, y Danielle se dirigió a su altura, se sentó al lado de ella, y como una vez sucedió, Danielle se acurrucó en su regazo, aquella vez había sido ella quien lo hizo.
Necesito que estes conmigo Mary Anne, necesito saber lo que tu piensas, necesito de tí, quiero que me sigas en mi noche, no quiero ver como vas marchitándote mientras yo me conservo como soy durante la eternidad, no soportaría verte morir. Quiero que seas como yo, siendo eternamente amantes.
Un frío helado atravesó el corazón de Mary Anne cuando escuchó de su amado tales palabras, ella deseaba estar cerca de él siempre, pero nunca había contemplado la eternidad de Danielle junto con su propia mortalidad. Deseó hacer feliz a su amado, concederle aquel privilegio. Pero con una condición.

Quiero ver un último amanecer, escuchó Danielle, y su corazón, aunque muerto, se sintió resucitar, una alegría nueva y distinta asoló a todo su cuerpo convirtiendolo por un momento en un ser celestial para los ojos que lo miraban, para los ojos de Mary Anne.
En ese momento, la cogió por la cintura, y la besó, tan ávidamente como quien se sugeta a una tabla en un naufrágio, el calor de sus labios lo hizo reprimirse al deseo de morderlos y succionar de ellos la eséncia vital de su amada, La levantó en volandas y como un rayo se la llevó a una colina, donde los amaneceres nacían hermosos a los ojos humanos, quedó con ella en una hermita cercana allí, donde la luz no traspasaba nunca, aún en los días más luminosos, cuando estuviera lista, él la estaría esperando.

Mary anne se despidió de su amado deseando que aquel amanecer fuese el más hermoso para después ir a buscarlo, se dirigió a la zona más alta de la colina, donde los pasos humanos no alcanzaban a llegar, pero ella se sentía más fuerte y diestra, sus zapatos empezaban a molestarla en el ascenso, así que se los quitó, camino descalza sobre el cesped de la colina, ya estaba amaneciendo, los colores del alba empezaban a despuntar por el horizonte.
Sus ojos admiraron aquel espectáculo como una niña que ve por primera vez un colúmpio. Se sentó sobre la tierra y cruzó sus brazos entre sus piernas, suplicó al mundo que aquel momento no se acabara, cuando vio el primer rayo de sol despuntar por el horizonte, los colores se empezaron a hacer más vívidos, más nitido el contorno de las casas bajas de Viena. Aquel amanecer, lo recordaría durante toda su existéncia como el más rápido que nunca vió.
Se levantó de repente, como acordándose que tenía que hacer algo, se dirigió hacia donde ella creía que estaba la hermita... no pudo encontrarla a simple vista, aunque, bajando un pequeño camino, casi intransitable, vio una construcción muy vieja. Se dirigió allí con paso seguro, impaciente. La puerta de la hermita estaba cerrada, no había ni un resquicio de luz en su interior, los porticos estaban cerrados a cal y canto. Empujó la puerta hasta que los goznes chirriaron, y pudo pasar sin problemas.
Una oscuridad total atenazó su visión, en el silencio y la oscuridad de la hermita solo un olor despuntaba sobre todas las sensaciones, un olor que le recordaba a su amado... rosas.
Un brazo fuerte la atrajo hacia si, por la espalda, cogiéndola con el deseo de los amantes, por la cintura y algo más abajo. Besando su cuello tan lentamente que Mary anne experimentó un extraño sopor a la vez que un placer inconmensurable. Ella se dio la vuelta y empezó a besar a Danielle comedidamente en los labios, deseando abrazarlo y tocarlo, deseando llegar al placer entre ellos, Danielle la cogió en volandas y se la llevó a una esquina de la hermita, donde había para su sorpresa un pequeño jergón, donde cabían dos personas perfectamente.
Susurrándole al oido, Danielle le dijo que quería escucharselo decir, una vez, solo una vez y él la convertiría.
A Mary Anne se le dibujaron dos palabras a fuego en la mente, TE QUIERO.
Danielle besó por última vez sus labios, antes de dirigirse a su cuello y morder.
Mary Anne en esos momentos experimentó una explosión de sensaciones en su interior, desde el vientre hasta la garganta, sentía que su vida se acababa, pero a la vez sentía que aquella sensación era la más placentera que había experimentado nunca, y fue con Danielle.
Su vida se iba, se sintió salir del cuerpo, y sintió un olor dulce y cálido, y un sabor salado, casi herrático, en su boca, un sabor que la instába a seguir chupando, a seguir extrayéndo ese líquido de dondefuera que fuese su recipiente.
Calleron los dos en la cama, forzados a un sueño ligero.
Los dos quedaron enlazados cuerpo a cuerpo, mente a mente, sangre a sangre.

Se quedaron juntos, abrazados el uno al otro hasta que el sol se ocultó tras el horizonte.
Mary anne experimentó un hambre atroz, involuntariamente buscó por todos los recovecos de la ermita, y no halló nada que meterse a la boca, pero no tenía ese tipo de hambre.
Recordó las atrocidades que le describió su amado una vez, la forma en la que ellos se alimentaban, no quiso hacer eso, se negó a pensar siquiera en hacerlo.
Danielle despertó después, tenía el rostro lívido, y su voz indicaba impaciencia? él también tenía hambre.
Salieron de la ermita como almas en pena, sucumbiendo al hambre vampirica. Sus cuerpos se camuflaban en la noche, y solo podían distinguirse a los ojos del vulgar, por el poco sonido que emitían sus pasos.

Llegaron a una granja de los alrededores de la ciudad, rápidamente pudieron comprobar que los habitantes dormían, con el sigilo de un gato, abrieron la puerta y se colaron en el interior.
La granja no era muy grande, en el salón se respiraba el silencio de la noche, solo interrumpido por el viento tocando los ventanales. Subieron unas escaleras, las cuales supusieron que daban con las habitaciones, escucharon cuatro respiraciones distintas. Una familia, pensó Mary anne.

Cogió a Danielle de la mano - no podemos hacerlo-. Concluyó antes de que él emitiera una sola palabra.

- No tenemos alternativa, amor.- Dijo el vampiro, haciendo una mueca que simulaba una sonrisa.- Ellos son nuestro alimento, es lo primero que has de aprender, a no verlos como antes, ahora sube conmigo y come, te hace falta.
Mary Anne no pudo reprimir un gesto de terror, le horrorizaba pensar que de ahora en adelante y para toda la eternidad, tendría que comer seres humanos.
Danielle se dio cuenta de la repulsión que le provocaba a su amada su nueva condición, así que decidió comer él primero.
Abrió la puerta despacio, y entró en el primer dormitorio. Un niño y una niña pequeños dormían plácidamente en la cama, sus caras eran preciosas, sus manitas pequeñas, se agarraban la una a la otra.
Danielle salió de allí, y Mary Anne lo siguió.

Volvieron a entrar en otra habitación, esta vez, los durmientes eran una pareja adulta, el vampiro se dirigió al hombre, no debía tener más de treinta años, aún así, parecía mucho mayor. La mujer, de espaldas a él, descansaba sobre su brazo, mientras que con el otro la tenía cogida por la cintura, una escena magnífica, de no ser por el terror que inspiraban las otras dos personas que los contemplaban.
Danielle, haciendo gala de una gran experiencia, pasó una auña por el cuello del hombre, acto seguido, y sin que él se enterase, empezó a chupar la sangre que manaba de su cuello, el hombre ni se enteró de lo sucedido. Y danielle comió ávidamente, cerró su herida con la saliva de su boca, no había derramado ni una gota de sangre.

-¿está muerto?- Preguntó Mary Anne.
-No, mañana se sentirá enfermo, y puede que la debilidad le dure hasta dentro de una semana, si nadie más se alimenta de él, puede que ni se entere nunca de lo que le ha pasado, los médicos le dirán que su debilidad es producto del esfuerzo y el trabajo.- Explicó.- Ahora te toca a ti, hazlo muy sutilmente, tu instinto te ayudará, no es tan difícil.
-No sé, no me atrevo, me dan mucha pena...- Recapacitó la muchacha.
Dannielle hizo un gesto de comprensión, la abrazó, y susurrándole al oído, la indicó a marcharse de allí.
Salieron de la casa como habían entrado, nadie se figuraría nunca que dos vampiros habían entrado. Mary anne iba sucumbiendo poco a poco en un estado de rábia y frustración, se sentía cada vez más sedienta, cada vez más incontrolada.
Danielle paró al salir de la verja que rodeaba la casa, una vez se escondieron en el bosque, pidió a Mary anne que bebiera de él, así contendría su sed hasta que llegaran a un sitio seguro.
Ella así lo hizo, no sabía por qué, pero alimentarse de Danielle, no lo veía como un acto tan horrible, muy al contrario, le provocaba un placer extremo.
Dannielle hizo un gesto de comprensión, la abrazó, y susurrándole al oído, la indicó a marcharse de allí.

- No debes alimentarte de otros vampiros, excepto de mí, Mary anne, es la ley. Si algún anciano te sorprendiera cometiendo este sacrilegio, te condenarían a una muerte horrible, y a mí también por haberte creado. ¿me comprendes?.- Explicó Danielle. Los Vampiros solo podemos alimentarnos de otros vampiros si entre nosotros tenemos un vínculo de sangre, este se crea cuando bebemos de un vampiro tres veces, Como puede ser con tu creador o "sire", o por algún vampiro con el que tengas una relación más personal, como es en nuestro caso, las dos cosas.- Concluyó besándola en los labios y bebiendo también de ella.
- Pero nosotros somos inmortales ¿no es así?.- Preguntó Mary Anne, cada vez más excitada.
- No exactamente amor.- Volvió a explicar Danielle mientras le acariciaba el cuello, y su voz se hacía cada vez más susurrante.- Los vampiros podemos morir bajo la luz solar, por eso vivimos de noche y durante el día dormimos, también se nos puede matar si se nos corta la cabeza o si nos queman. Todas son muertes horribles. El suelo sagrado, algunos lo soportamos más que otros y respecto a las estacas... solo nos paralizan. Todas las historias que se cuentan sobre nosotros, son puras tergiversaciones que hemos inventado nosotros mismos para protegernos.- Su voz era cada vez más cálida. En el horror de sus palabras se escondía la melodía de una música celestial que provocaba en Mary anne la más absoluta tranquilidad.

Salieron del bosque y se dirigieron hacia su hogar, allí en el estudio, Jazzmina les estaba esperando, ella era una de las criadas de la casa, normalmente se Dominique se alimentaba de ella, cuando el hambre era insoportable, Danielle invitó a Mary anne a hacerlo también.
Jazzmina se acercó a Mary anne con la dulzura de una niña pequeña, y le ofreció su muñeca.
-No se preocupe, señora, no duele.- Le dijo la criada con una sonrisa en los labios al ver que la muchacha todavía estaba reticente.

Mary anne mordió a la chica en la muñeca, sus colmillos atravesaron la carne y se hundieron en la vena que circulaba por allí, poco a poco la sangre fue accediendo a la garganta de Mary anne como un elixir único y precioso, bebió... bebió mucho... Algo falló.
Jazzmina calló al suelo desmallada, y Mary anne no pudo reprimir un grito de terror ni unas lágrimas ávidas de salir de sus lacrimales.
Danielle cogió a Jazzmina sin mediar palabra, la acomodó en uno de los sillones y vertió algo de su sangre en la boca de la muchacha, poco a poco Jazzmina volvió a recuperar el conocimiento.
Vió como Mary anne lloraba.

Se incorporó despacio, ayudada por Danielle, fue hacia donde estaba Mary anne.
- No se preocupe, señora, a veces pasa, pero entonces o el señorito Danielle o la Señora Dominique, me dan una medicina, y ya pasa todo.- Dijo tranquilizando a la muchacha.- Disculpen ahora, he de ir a descansar.- Concluyó dirigiéndose hacia su habitación.- Les dejo solos.

Mary anne no paraba de llorar, las palabras de Jazzmina no la consolaron. Mil preguntas acudieron a su mente como una flecha hirviente, mil preguntas que no tenían respuestas, ella era ahora un vampiro, no era humana, no podía tener una relación normal con ningún ser humano, serían su comida, su sustento sería su sangre, y eso era inevitable.
Danielle se sintió herido por la frustración que había provocado en su amada, él también se encontraba mal, había hecho lo que prometió a Dominique, había aguardado hasta que ella le dijo que quería compartir su maldición, pero su amada no estaba preparada para ello, solo había accedido por él, no podía evitar sentirse culpable por ello.

Se sentó al lado de Mary Anne, abrazándola, se sentía mejor, se sentía vivo, se sentía amado, sentía como su mundo era ella y como ella se había vuelto fría, inerte... como él.
Había creado a su primer vampiro de un amor tardío, de un amor que llegó en el ocaso de su vida y que lo había instado a seguir en un mundo en el que él se sentía una sabandija terrible, un monstruo terrorífico al que todo el mundo le tenía miedo, menos ella, la causante de su alegría se había transformado por su culpa en algo tan horrible como él, todo por su culpa.
Mary anne también lo abrazó, había dejado de llorar, y sus convulsiones habían parado un poco, susurró algo al oído de Danielle. Un imperceptible "te quiero", aplacó los desesperados pensamientos del Vampiro.
- Estoy dispuesta a aprender todo lo necesario para no volver a hacer lo que ha pasado aquí esta noche, estoy dispuesta a correr todos los peligros que hagan falta, me ocuparé de estudiar las leyes de los vampiros, e iré a donde tú vayas.- Le dijo, apasionada.- Solo quiero que me prometas dos cosas.
-Lo que quieras.- Prometió Danielle.
-Que no te separes de mí.- Danielle la interrumpió con una sonrisa y un beso en los labios, eso está hecho, susurró. Mary anne lo separó de sí instándolo a escuchar la segunda promesa.- Si alguna vez decido ver un amanecer... no me lo impidas.- Concluyó.
11/06/2004 11:41 #. Tema: Cuentos.

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Autor: Nathan

Es muy gaupa la historia, pero es la vida de mi personaje y el final no es mi final...

Fecha: 11/06/2004 16:30.



Autor: aedia

jejeje, niño, que es un cuento inconcluso!!, ya verás como al final te mola más que tu personaje!!

Fecha: 11/06/2004 16:33.


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Autor: l´enfant terrible

Preciosaaaaaaaaaaaaaaaa!!!, ya sabes que soy más fan de tu relato que tú misma, jejeje, Me chiflaaaaaaa!!

Así que quiero verlo publicado, ¡¡vamosya!!

Fecha: 11/06/2004 18:27.


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