De un viaje sin retorno

Yo también quiero.
Esa fue la frase de su perdición, ahora sentado en mi lecho de muerte, en vez de sentirme en paz conmigo mismo, me come la conciencia. Nunca creí que la dama negra me viniera a buscar con tanto rencor en su corazón, la entiendo. Yo también hubiera tratado así a quien por una vez le quitó el trabajo.
Ahora, acostado aquí sin poder hacer nada por evitarlo, pues el cerébro es lo único que me queda para darme cuenta de que sigo vivo, pienso en esos momentos en los que pasé con ella. En la consumición de su cuerpo y su mente por mi culpa. Nunca debí enseñarle los malos caminos de la vida. Pero yo era joven entonces y la verdad, me daba lo mismo ser así o de otra manera. Simplemente vivía el momento sin pensar en las consecuéncias. Consecuéncias las cuales daría lo que me queda de vida para poder haberlas evitado. Ahora ya es demasiado tarde.
Estabamos en la fiesta de su cumpleaños, ella cumplía diecinueve y yo ya tenía veintitrés, habíamos decidido hacerle una fiesta en un local que alquilamos, era la más joven del grupo, y aunque no era guapa, tenía un halo de misterio irresistible, era de esas mujeres que te atrapaba en su mundo y no te dejaba salir. Aunque me hubiera gustado quedarme en él, y sabía que esa chica estaba enamorada de mí, me resistí a la tentación. Demasiado inexperta, demasiado inocente, demasiado buena. No podía ser para mí.
Un colega sacó un gramo de cocaína que había comprado para la ocasión. Ella no se metía, así que tampoco le preguntamos. Pero ese día quiso provarla.
Hicimos una más, por una vez no pasaba nada, además ella era consciente de lo que hacía, ¿por qué no?. La fiesta duró hasta pasadas las nueve de la mañana, todos estabamos muy mal cuando llegamos a casa... es lo que pasa en las fiestas de cumpleaños, bebes, estas con los colegas, te lo montas de puta madre para que todo vaya muy bien.
Pasaron los meses, y ella seguía nuestro ritmo infatigable de fiestas y desmadres, se quería convertir en uno más, era normal, era nuestra amiga... hasta que nos superó.
Un día me dijo que quería provar el caballo, y me preguntó si yo lo había provado. Le dije que si, pero involuntariamente, una vez me invitaron y yo pensaba que era cocaína. No lo era. Lo pasé muy mal durante una semana, Mi cuerpo no era mío.
Le dije que yo no quería meterme esa mierda nunca más, y le aconsejé que ella tampoco lo hiciera, y si lo hacía que fuera con una persona "responsable". Yo fuy el resorte, y ella pasó a la acción.
No se como fue su primera experiencia con el caballo, tampoco se lo pregunté ni ella me dijo cuando lo provó, pero yo lo sabía, cada día iba demacrándose un poco más, hasta que llegó el momento.
Una noche cualquiera, era invierno, eso si lo recuerdo. Acabamos como siempre en el bar de los nuestros, donde nos juntabamos todo el grupo cuando no había contacto telefónico, ella llegó con la cara empapada en sudor, diciendo que tenía mucho calor, no era normal, hasta dentro del bar hacía frio.
Le pregunté si estaba bien, ella me dijo que si, que solo necesitaba "algo" para ponerse "a tono". Le miré interrogativo, pensando en que era ese algo, a que se refería. Le dije que la invitaba a una cerveza, ella se negó. Prefiero "otra" cosa. Y fue al servicio.
Pasó un cuarto de hora y ella no salía, fuy hacia la puerta y piqué, nadie respondió, empecé a gritarle, ¿estás bien?, oye, contesta.
Mi última frase fue Voy a tirar la puerta como no abras. No abrió. Entre dos amigos y yo, conseguimos abrir la puerta.
Ella estaba tirada en el suelo con la cabeza sangrando por un golpe que se había pegado al caer al suelo, inconsciente, con una goma en el brazo y una jeringuilla vacía a su lado...
El entierro fue a los dos días, su madre nos dijo que no quería saber nada de lo que había pasado, que eramos los culpables de la muerte de su hija, que nosotros la habíamos llevado hasta eso.
La versión de alguien a quien conocí un poco antes de que ella muriera, fue más drástica aún.
"Vosotros no habeis hecho nada, fue ella la que eligió el camino", creo que esa frase resonará en mi mente hasta que muera, esa frase fue la que me hizo saber, que si ella no me hubiera conocido, estaría viva, a lo mejor siendo una mujer de cuarenta y pocos años saludable y hermosa, teniendo todavía ese halo de misterio que me enamoró, aunque me di cuenta de ello demasiado tarde.
15/06/2004 11:55 #. Tema: Cuentos.

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