El hombre que me enseñó a llorar.

hernand03.jpgMIGUEL HERNANDEZ

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Esta poesía se la escribió Miguel, a un amigo suyo Ramón Sijé, habitante de Origuela, como él.
Escritor de poesías tan llenas de sentimiento, como Nanas de la Cebolla, escrita en plena guerra civil a su mujer, la cual le decía en sus cartas, que no podía alimentar a su hijo, con más que cebollas y pan...
Al cual el propio Pablo Neruda le escribió un pequeño poemilla que reza tal que así:

"Miguel de España, estrella
de tierras arrasadas,
no te olvido, hijo mío!
pero aprendí la vida
con tu muerte:
mis ojos se velaron apenas,
y encontré en mí
no el llanto,
sino las armas
inexorables!
Espéralas! Espérame!"

Este es el hombre que enseñó a llorar.
La voz de Joan Manuel Serrat sonaba en la radio del coche de mi madre, empezó a cantar las nanas de la cebolla, mi madre lloraba... no sabía por qué en aquel entonces, con el paso de los años me di cuenta de que mi madre tampoco tenía con que alimentarnos. ¿quien es?, le pregunté a mi madre.
Almu, es Serrat!, me contestó ella como si mi pregunta fuera lo más estupido que podría haber preguntado en ese momento.
Ya, mama, pero ¿De quien es la letra?.
Ahhh, de un poeta de la guerra civil, Miguel Hernandez, se llamaba.
Ahh, pues en el cole no nos han hablado de él.
Ya me lo imagino, supongo que lo daréis el año que viene.
Bueno, pues ya miraré en la enciclopédia.
No, espera que lleguemos a casa, te dejaré un libro de él.

El libro se llamaba el Viento del Pueblo. A partir de entonces, ya supe lo que significaba la palabra tristeza.

Aquí os dejo un enlace, por si queréis saber más de él.

http://jaserrano.com/mhdez/#_BIOGRAFÍA
18/06/2004 12:53 #. Tema: Sobre literatura.

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Felix qui potuit rerum cognescere causas. (Virgilio)

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