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Embriagado Justo en el momento en el que empezaba a pensar que todo había acabado, sintió que una mano se posaba en su hombro. Volvió la vista atrás y solo estaba el vacío de la calle y su profunda soledad. Intentó ocupar su mente en algo... cualquier cosa servía... cualquier cosa... nada... nada excepto eso. Aquel sonido loestaba matando, no podía dejar de escucharlo, por más que lo intentase, no podía hacer caso omiso a tal estorbo. Intentó volver a lo que estaba haciendo... ¿qué estaba haciendo?... NO SE ACORDABA. Pero... ¿Cómo podía ser? No, tenía que acordarse... ¿de que? Nada, absolutamente nada... volvió a intentar recapacitar sobre su cometido. ¿que estaba haciendo en el momento en que pensaba que todo había acabado? Silencio. Por fin había cesado aquel molesto sonido, ahora si que podía concentrarse en lo que estaba buscando... un bar... le habían dicho que por ahí había un bar en el que se servían unas copas excelentes... Con su profunda embriaguez, fue tambaleándose de un lado a otro de la calle sin hacer caso de los insistentes pitidos que hacían los coches para que se apartase... Otra vez ese ruido ensordecedor... ¿Pero es que no va a parar nunca?- Pensó mientras sus pasos lo llevaron ileso al otro lado de la acera. Por fin ha parado, espero que no vuelva a empezar. Sin ningún percance, llegó al bar donde le habían dicho que se servían unas copas exquisitas y con mucho alcohol, que era precisamente lo que necesitaba en esos momentos, alcohol, para no acordarse de nada, como él quería. -Buueax tardez- Saludó al camarero con su voz alcoholizada.- ¿Ze shirbe? El camarero miró al mendigo entre divertido y celoso de los trastornos que pudiera ocasionar en su establecimiento. No era un borracho violento, su experiencia juzgó antes que sus posibles prejuicios, aunque, detrás de la barra de un bar, no hay prejuicios que valgan, el cliente es el cliente, y si tiene dinero que beba lo que le apetezca siempre y cuando respete a los demás . Con ese juicio acelerado, se dirigió hacia el mendigo con la mejor de sus sonrisas. Janice Joplin se escuchaba de fondo. -Por supuesto caballero, ¿qué desea tomar?- Preguntó. -Wicky-Respondió el mendigo sin dejarlo acabar apenas. -Si señor, ahora mismo se lo sirvo.- El camarero dio media vuelta y se encaró con la primera botella de wisky barato que encontró.... -NO- Protestó el mendigo- Eze no, tengo dinero para pagarme un buen wisky, que no me queme la garganta.-Dijo llevándose la mano al bolsillo del pantalón y sacando un fajo de billetes viejos. El camarero volvió a dejar la botella de JB y se dirigió a la de Chivas 12 años, la botella más cara del local. - ¿Esta te sirve?- Preguntó divertido. - Si, creo que con esa tendré bastante. El camarero frunció en ceño al ver que el mendigo se hacía con la botella y con el vaso que le había puesto en frente segundos antes. - Bueno, yo cojo los billetes, no vaya a ser que quedes inconsciente antes de pagarme. - Tranquilo, tengo labia para rato, todavía no han fabricado alcohol que tumbe a Toni. Por cierto... buena, la chica.- Evaluó, mientras saludaba con el vaso al equipo de música. - Si, es cierto.- Afirmó el camarero con gesto melancólico.-Así que te llamas Toni.- Confirmó, mas para sí mismo.- Yo soy Juan- Se presentó tendiéndole la mano. El mendigo le devolvió el gesto enérgicamente, cosa que a Juan le agradó sobremanera. - -Encantado Juan.-Respondió el mendigo acomodándose un poco más en el taburete y sirviéndose la segunda copa que, como la primera, bebió de un trago.- Este wisky está muy bueno- Observó mientras se ponía la tercera y bebía con igual avidez. - Y bien, Toni, ¿qué te trae por aquí?- Preguntó Juan sin otra intención de entablar una conversación con tal personaje. - Una mujer, el cabrón de mi ex jefe y mis ganas de beber.-Respondió tajante. Aquella respuesta dio a entender a Juan más que cualquier conversación de tres horas. Un desgraciado más que había sido despedido de su trabajo, con la consecuéncia del abandono de su mujer acto seguido...interesante... muy interesante, tanto como cualquier otro desgraciado al que le hubiera pasado lo mismo. Con el aliciente de que aquel hombre, o tenía un estómago de acero colado o estaba curado contra-cirrosis. Pues su barba de dos semanas, su ropa sucia y mal oliente, su aliento a alcohol rancio y su manera de mirar (desconfiada y etílica) le daban un aspecto de auténtico mendigo. De hecho, Juan hubiera jurado ante lo mas sagrado que se trataba de un mendigo de no ser por su toque refinado y distinguido, la forma de sentarse en el taburete, la manera de coger la botella y derramar el líquido en el vaso, su vocabulario, e incluso la elección que había hecho con el wisky. Por no menos preciar, por supuesto, el Rolex de importación que maquillaba su muñeca izquierda. - El wisky no te ayudará a paliar tu pena- Añadió sin animo de que le contestase. - Eso ya lo se, pero me ayuda a olvidarla- Respondió sin animo de ser escuchado.- Era un gran hombre de negocios ¿sabes?- Dijo al camarero levantando el vaso y haciendo que miraba a través de él. - Si hubieses sido un gran hombre de negocios no estarías aquí gastandote el dinero de tu despido en wisky, lo hubieras invertido en otro.- Contestó el camarero mirándolo fijamente. -Lo hubiera hecho, si, de no ser por ella , no acabó de enterarse de mi despido que acto seguido pidió el divorcio, quedándose con la mitad de mis bienes, incluido el dinero...- Respondió llevándose otra copa a los lavios. - Lo que tardan en destrozarte la vida es una décima parte de lo que tardan en alegrártela.- Reflexionó. - Efectivamente.- Respondió apurando el último sorvo.-En fin, me voy, ya he apurado bastante tu tiempo. El mendigo se levantó de su asiento con gesto lánguido y desganado, hizo un gesto de coger el dinero de su bolsillo. - No hace falta, ya me has pagado.-Dijo el camarero. - Ah, no me acordaba- Respondió.- Hasta otro día, Volveré. - Eso no me cabe la menor duda, pero la próxima vez espero verte mejor, que no llueve eternamente. El mendigo atravesó el umbral del Bar, quedándose con la sensación de que ya había sentido aquella frase en algún sitio... no se acordaba donde ni cuando, pero aquella frase le sirvió como un resorte, como una máxima que álguien le había enseñado, pero no sabía ubicarla. Tres meses después y habiendo vuelto a una vida normal regresó de nuevo al bar donde había vuelto a recuperar su vida, preguntó por Juan, el camarero. Le atendió una chica muy guapa la cual le dijo que no había ningun camarero llamado Juan en ese bar. Toni se quedó mirando a la chica durante largo rato, entre intrigado y fascinado. Lo que tardan en desgraciarte la vida es una décima parte de lo que tardan en alegrártela... pero cuando te la alegran... - Perdona, se que resulta muy atrevido, pero... ¿tienes algo que hacer esta noche? Fecha de redacción 03/05/02 Comentarios » Ir a formulario |
Kaze no michiFelix qui potuit rerum cognescere causas. (Virgilio)
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