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Lo que ocurre cuando cerramos los ojos Situaciones imprevistas que nos vienen de nuevo. No podemos evitar darle vueltas a la cabeza, pensar, pensar, pensar, pensar... ¿Cuanto pensamos a lo largo del día?, ¿Cuantos micropensamientos se nos vienen a la cabeza en un segundo?, infinitos.Cerramos los ojos, se nos despierta otro sentido, el de la observación, por que con los ojos abiertos no observamos, solo miramos y catalogamos prejuzgando cosas que ni siquiera conocemos, ni conoceremos, por que directamente deshechamos de nuestro pensamiento. Sigo diciendo, cerramos los ojos. ¿que se nos despierta?, se nos despierta el sentido del tacto, por que con los ojos abiertos, las manos no palpan, solo tocan, no nos deja intuir nada a cerca de lo que tocamos, solo tocan, ni texturas, ni humedades, ni respiraciones, ni temperaturas, solo sienten la presencia de una mása que pronto deshechan, por que no se paran a palpar. Continúo narrando, cerramos los ojos, ¿Qué oimos?, no oimos, escuchamos, ahí radica la diferéncia, cuando tenemos los ojos abiertos, no escuchamos ni melodías, ni sonidos, ni voces, ni aullidos, ni llantos ni risas, solo oímos. Vuelvo a insistir, cerramos los ojos, ¿Qué olemos?, todo. Por que con los ojos abiertos, no olemos ni perfumes, ni aromas, ni sudores que nos alimentan, ni la dulce fragáncia que desprenden los abrazos, solo olemos lo que nos desagrada. No, que no me callo, cerramos los ojos, ¿Qué degustamos?, un sin fin de sabores que con los ojos abiertos no percibimos, la dulce miel de los besos, el buen sabor de la piel, el etílico nectar de una sonrisa, incluso cuando cerramos los ojos, el agua sabe mejor. La contra réplica, Cerramos los ojos, ¿Qué vemos?... nada, pero sentimos. Sentimos como el viento sopla, deja una agradable fragáncia a su paso después de que la lluvia haya regenerado los campos. Sentimos como el sol calienta nuestro cuerpo, cómo nos proporciona un pedacito de luz, que aunque no veamos, sabemos que está ahí. Sentimos el sonido del agua correr por los manantiales, y con un poco de suerte, incluso algún que otro salto de las truchas que lo pueblan. Sentimos la sonrisa del niño de ahí al lado, y como su madre lo espeta, al querer él, cruzar sin darle la mano. Sentimos el corazón, que late con fuerza, que nos indica que estamos aquí, vivos. A eso me refiero, lo que pasa cuando cerramos los ojos, a casi todos nos pasa desapercibido. Comentarios » Ir a formulario |
Kaze no michiFelix qui potuit rerum cognescere causas. (Virgilio)
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