Hoy te invito a volar conmigo

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Buenas noches.

Aquí estoy, sentada en el tejado. Ven, acercaté y sientaté a mi lado, hoy te voy a enseñar a volar.

Antes que nada quiero que tengas presente una cosa, en el mundo, a parte de las aves, hay muy pocos que saben volar. Pero con un poco de paciéncia y voluntad, todo se aprende.

Yo aprendí a volar cuando tan solo era una cría, casi ni me acuerdo de como aprendí. De lo que sí que me acuerdo es de aquel primer día en el que mis pies dejaron de tocar el suelo. Fueron unos pocos segundos, miré hacia el suelo y me dí cuenta de que estaba flotando, me había elevado dos centímetros escasos, en cuanto mi mente percibió que estaba suspendida en el aire, volví a bajar.

Fui practicando poco a poco, y hoy en día me he convertido en casi una maestra del vuelo humano.

Pero dejémonos de historias pasadas. Mi cometido hoy es enseñarte a volar. No desesperes, pues será un proceso largo y tristemente, frustrante. Ya que no lo consiguen muchos, y los que lo consiguen lo hacen tras años de trabajo duro y grandes derrotas, pues el arte de dominar el vuelo es muy muy difícil de aprender. Y solo se consigue si empeñas todo lo que tienes dentro por el deseo de volar. No sirve sólo el quererlo, el decir "me gustaría volar". Es un deseo, algo que quieres con toda el alma, con toda tu voluntad, con todo tu empeño y con todo tu corazón. En este proceso cuenta tanto tu fuerza de voluntad, tus buenas intenciones, tu amor y tu conciéncia, como toda tu rábia, todo tu ardor, todo tu odio y toda tu angústia. Volar sólo se consigue poniendo tus entrañas encima de la mesa y desgajándolas hasta que sólo quede la voluntad de hacerlo.

Así que no es tan fácil como dejárse caer y esperar que la suerte juegue con la gravedad. Eso no es viable. Antes de empezar a volar, se ha de aprender a sentir como siente el viento.

Levántate, vamos hacia el borde del tejado. ¿Ves el suelo?, son setenta metros de caida. Si ahora te diera por tirarte, acabarías irremediablemente, estampado contra el suelo. Pero no dejes de mirar hacia abajo, deja que tu cuerpo se acostumbre a la altura, deja que tu mente tome consciéncia de lo que tienes bajo los pies, setenta metros de caida. Cuando sepas dominar el vuelo, ésto te parecerá un juego de niños, pero de momento conviene que le tengas miedo. El miedo también sirve para aprender a volar. Ya te he dicho que todos tus sentidos y tus sentimientos cuentan. El miedo también es un sentimiento.

Bien. Levánta los brazos de forma que tu cuerpo quede en cruz y siente como el viento roza todos los poros de tu piel, se introduce dentro de tus pulmones, primero, con la respiración. La respiración es importante, ya que te ayudará a relajarte y a dar el primer paso.

Sin dejar de mirar abajo, y en esta posición. Empieza a inspirar y a expirar, siente como el aire inunda tus pulmones, para después, expulsarlo. Mantén una respiración rítmica y relajada.

Poco a poco te irás dando cuenta de que tu cuerpo flojea. Tranquilo. Es totalmente normal. Poco a poco, inconscientemente, estás habituándote a la altura y tu cuerpo responde de esa manera.

Ahora cierra los ojos, pero mantén la cabeza en la misma postura, como mirando hacia abajo. El suelo es tu punto de referéncia para dominar el vuelo, de esa manera, siempre tienes una idea de cuan lejos estás de él, así como sabes donde estás y por donde te mueves. No queremos que te pierdas por ahí arriba.

Con los ojos cerrados, siente como el viento empieza a entrar en tu cuerpo. Primero por los pies, sentirás un breve cosquilleo que va subiendo poco a poco desde la punta de los dedos hasta el último cabello de tu cabeza. Es un proceso largo, así que no te impacientes.

Ahora, cuando el viento entre en tu cabeza, ten cuidado. Él y solo él, arrastra todos los sentimientos del mundo, desde el llanto de un niño al ver como han matado a sus padres, hasta el placer que siente una pareja cuando acaban de hacer el amor. Así que, un buen volador, tiene que tener una mente fuerte, de lo contrario, cada vez que volara, se volvería loco. Pues cuando un humano vuela, lo hace por que el viento lo posee, y con él, todo lo que arrastra.

En el momento en el que tu cuerpo sienta que todo él forma parte del viento, abre los ojos y te sorprenderás de lo que estás viendo.

Bueno. Ya es tiempo de irme. Practica todo lo que te he enseñado y nos veremos en la próxima clase.

07/10/2006 01:43 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos.

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