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Hoy te invito a volar conmigo![]() Buenas noches. Aquí estoy, sentada en el tejado. Ven, acercaté y sientaté a mi lado, hoy te voy a enseñar a volar. Antes que nada quiero que tengas presente una cosa, en el mundo, a parte de las aves, hay muy pocos que saben volar. Pero con un poco de paciéncia y voluntad, todo se aprende. Yo aprendí a volar cuando tan solo era una cría, casi ni me acuerdo de como aprendí. De lo que sí que me acuerdo es de aquel primer día en el que mis pies dejaron de tocar el suelo. Fueron unos pocos segundos, miré hacia el suelo y me dí cuenta de que estaba flotando, me había elevado dos centímetros escasos, en cuanto mi mente percibió que estaba suspendida en el aire, volví a bajar. Fui practicando poco a poco, y hoy en día me he convertido en casi una maestra del vuelo humano. Pero dejémonos de historias pasadas. Mi cometido hoy es enseñarte a volar. No desesperes, pues será un proceso largo y tristemente, frustrante. Ya que no lo consiguen muchos, y los que lo consiguen lo hacen tras años de trabajo duro y grandes derrotas, pues el arte de dominar el vuelo es muy muy difícil de aprender. Y solo se consigue si empeñas todo lo que tienes dentro por el deseo de volar. No sirve sólo el quererlo, el decir "me gustaría volar". Es un deseo, algo que quieres con toda el alma, con toda tu voluntad, con todo tu empeño y con todo tu corazón. En este proceso cuenta tanto tu fuerza de voluntad, tus buenas intenciones, tu amor y tu conciéncia, como toda tu rábia, todo tu ardor, todo tu odio y toda tu angústia. Volar sólo se consigue poniendo tus entrañas encima de la mesa y desgajándolas hasta que sólo quede la voluntad de hacerlo. Así que no es tan fácil como dejárse caer y esperar que la suerte juegue con la gravedad. Eso no es viable. Antes de empezar a volar, se ha de aprender a sentir como siente el viento. Levántate, vamos hacia el borde del tejado. ¿Ves el suelo?, son setenta metros de caida. Si ahora te diera por tirarte, acabarías irremediablemente, estampado contra el suelo. Pero no dejes de mirar hacia abajo, deja que tu cuerpo se acostumbre a la altura, deja que tu mente tome consciéncia de lo que tienes bajo los pies, setenta metros de caida. Cuando sepas dominar el vuelo, ésto te parecerá un juego de niños, pero de momento conviene que le tengas miedo. El miedo también sirve para aprender a volar. Ya te he dicho que todos tus sentidos y tus sentimientos cuentan. El miedo también es un sentimiento. Bien. Levánta los brazos de forma que tu cuerpo quede en cruz y siente como el viento roza todos los poros de tu piel, se introduce dentro de tus pulmones, primero, con la respiración. La respiración es importante, ya que te ayudará a relajarte y a dar el primer paso. Sin dejar de mirar abajo, y en esta posición. Empieza a inspirar y a expirar, siente como el aire inunda tus pulmones, para después, expulsarlo. Mantén una respiración rítmica y relajada. Poco a poco te irás dando cuenta de que tu cuerpo flojea. Tranquilo. Es totalmente normal. Poco a poco, inconscientemente, estás habituándote a la altura y tu cuerpo responde de esa manera. Ahora cierra los ojos, pero mantén la cabeza en la misma postura, como mirando hacia abajo. El suelo es tu punto de referéncia para dominar el vuelo, de esa manera, siempre tienes una idea de cuan lejos estás de él, así como sabes donde estás y por donde te mueves. No queremos que te pierdas por ahí arriba. Con los ojos cerrados, siente como el viento empieza a entrar en tu cuerpo. Primero por los pies, sentirás un breve cosquilleo que va subiendo poco a poco desde la punta de los dedos hasta el último cabello de tu cabeza. Es un proceso largo, así que no te impacientes. Ahora, cuando el viento entre en tu cabeza, ten cuidado. Él y solo él, arrastra todos los sentimientos del mundo, desde el llanto de un niño al ver como han matado a sus padres, hasta el placer que siente una pareja cuando acaban de hacer el amor. Así que, un buen volador, tiene que tener una mente fuerte, de lo contrario, cada vez que volara, se volvería loco. Pues cuando un humano vuela, lo hace por que el viento lo posee, y con él, todo lo que arrastra. En el momento en el que tu cuerpo sienta que todo él forma parte del viento, abre los ojos y te sorprenderás de lo que estás viendo. Bueno. Ya es tiempo de irme. Practica todo lo que te he enseñado y nos veremos en la próxima clase. Sobre Ateismo y Agnosticismo.![]() Ateísmo: 1. m. Opinión o doctrina del ateo. Ateo: 1. adj. Que niega la existencia de Dios. Apl. a pers., u. t. c. s. Agnóstico: 1. adj. Perteneciente o relativo al agnosticismo. Agnosticismo: 1. m. Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia. Así el ateo es quien no cree y el agnóstico aquel que cree en algo que no comprende. Por lo tanto, mi menda tenía razón ;) Monólogo dialectico II![]() Buenas noches princesa. No me vengas con gilipolleces, ¿Qué quieres? Saber como estás. Bien, gracias. ¿Seguro? NO Y luego eres tú la que me llama mentirosa. Por lo menos cuando miento no hago daño a nadie. Y solo te miento a tí. Recuerda que soy tú misma. Bueno, no hago daño mintiendome a mí misma Excepto a mí. Ya bueno... llamemosló daños colaterales. Ahora en serio. Solo me preocupo por tí Pues no sé por qué. Será por que te he escuchado llorar más de lo normal, últimamente. Son tonterías. Pues esas tonterías a mí me hacen daño. Bueno, forma parte del plan. ¿Hacerme daño? Matarte. Como estamos ¿no? Así estamos, si No puedes matarme Lo sé, pero no dejaré de intentarlo. Soy parte de tí. Una parte muy toca pelotas. Pero parte de tí al fin y al cabo. Ya, y eso me rebienta. A ver, ¿Qué te pasa? ¿Qué me va a pasar que tú no sepas? ¿Para qué contártelo si ya lo sabes? A veces escuchártelo me ayuda a comprendernos. Bueno, saca tus propias conclusiones. Si te digo que no me pasa nada no me vas a creer... Cómo lo sabes. Bueno, digamos que son muchos años juntas. No me lo vas a contar ¿Verdad? NO Pues te diré lo que te pasa NO quiero oirlo. Bueno, solo tienes dos opciones, o me matas, cosa que no puedes hacer, o lo escuchas. Prefiero matarte, pero no puedo hacerlo. Te sientes sola. NO quiero escucharte. Bueno, ya lo has hecho Estarás contenta. Si Vete al carajo Jajajajaja Mierda de conciencia. ¿Vas a remediarlo? ¿El qué? Tu soledad. ¿Debería? ¿Me pides consejos? Es una pregunta capciosa. No me interesa remediarlo ¿Por qué? Por que la soledad hace que me sienta viva, y es mejor compañía que tú. Tú misma. Eso mismo digo yo. Yo te puedo decir como remediar la soledad. No me interesa, ya te lo he dicho. Bueno, pero que lo digas no significa que lo sientas. Y tú que sabrás de sentimientos. Más de lo que te imaginas. No has sentido nada conmigo, no serás ahora la maestra en ese menester. El que no te diga que siento no significa que no lo haga. Touché. Pero te repito que no necesito consejos. Muy bien. Perfecto. Deja de molestarme, por favor. ¿De verdad que no me necesitas? Las cosas no te han ido bien últimamente. Sabré apañármelas, SOLA Muy bien, si me necesitas ya sabes donde estoy. Tranquila, no te molestaré. No es molestia. Vete a la mierda. Buenas noches. Adiós. No soportoLa sonrisa pérfida que dibujan tus labios cada vez que me pisas. Los engaños minúsculos que se convierten al cabo del tiempo, en mentiras. Las pesadillas que me produce tu indiferéncia. El sonido de tu vacío interior. Tu falta de sentimientos. Tu ser impasible frente a los demás. El saber que con un movimiento tienes a tus pies el mundo. La gracia que te hacen los desastres. Tu impertinencia. Tu amor al odio. Tu maléfica elocuéncia. Tu lasciva conciéncia. Tu arrogáncia. Tu facilidad para sacarme de quicio. Tu violación a mi intimidad. Pero todo lo que no soporto de tí, va a cambiar. Por que he decidido que vas a desaparecer de mi vida.
Cuando las hadas existían....![]() Cuentamé otra vez el cuento mamá. - Dijo, suplicante, Lucía cuando entré en su habitación a darle las buenas noches. Es muy tarde, cariño, mañana te acuestas mas pronto y te lo cuento. - Contesté. Mi hija me miró apenada. Nunca me ha gustado que me miren de esa manera, con esa mirada que tienen los niños en la que te sientes la bruja más malvada de todos los cuentos inventados y por inventar, y en cuyo fondo ves, inexplicablemente, la convicción subconsciente de que vas a acabar cediendo a sus deseos. E inexplicablemente, siempre tienen razón. Cogí el cuaderno en el que hacía tiempo dejé de escribir. Una página estaba marcada por un post-it amarillo que rezaba "Para Lucía". Fué el primer cuento que escribí dedicado a mi hija, mucho tiempo antes de concebirla, mucho antes de haberme encaminado a aquél banco de sémen en el que me inocularían a mi niña, mucho antes de siquiera haberme planteado tener hijos. Aquél cuaderno verde me inspiraba muchos recuerdos pasados, siempre que lo tocaba, acudían a mí como serpientes, vivéncias pasadas. En él, estaba escrita casi toda mi vida traducida en sentimientos, y en algún lugar perdido en aquellas páginas, un día decidí provar suerte e inventarme el cuento que me disponía a leer, por enésima vez, a aquél ser de diez años que me había otorgado parte de la razón de ser de mi existéncia. Cuando existían las Hadas: Hubo un tiempo en el que las hadas poblaban el mundo, sus risas alimentaban a las nuves, y su batir de alas daban fuerza al viento. Con sus cantos, enseñaban a hablar a los pájaros, y en sus reuniones anuales, el mundo cambiaba de colores, hasta su próxima reunión. Tanto era el amor de las hadas por el mundo, que no soportaban la idea de perder a uno solo de sus habitantes, por eso, cada vez que uno de ellos dejaba de existir, una de ellas lo acompañaba al lugar donde debía estar, pero el viaje era tan fatigoso, que pocas regresaban una vez cumplido su cometido. Aunque la razón de la existéncia de las hadas, no fue nunca del interés del hombre, poco a poco se fueron dando cuenta de que, cada vez que desaparecía un hada, el mundo parecía un poco más oscuro. Eso les hizo investigar, y descubrieron que las hadas eran las que emanaban los colores del mundo, así que cuando ellas se iban, no dejaban solo de existir ellas, si no que también desaparecía algun color de la tierra. Con el paso del tiempo, del mundo fueron desapareciendo colores, hasta que solo quedó el gris, la ausencia de color. Pero el gris no era color de hada, era color de hombre. Por eso, los hombres nos dimos cuenta, de que las hadas desaparecieron del planeta. Aunque nos dejó un regalo. Un día, una mujer gris, en este mundo gris, sintió un sonidito. El sonidito provenía de algún lugar lejano, fuera de la ciudad, en los confines de lo que ella creía que era su mundo. Emprendió un viaje en el cual muchos contratiempos le sobrevinieron. Vió como el mundo en el que ella vivía se estaba convirtiendo en un lugar más oscuro, si cabe, que el gris donde ella residía. Vió desesperación en las gentes, hambre, enfermedades y peleas por todas partes donde iba. Pero ella seguía en el empeño de saber de donde provenía aquel sonido, que se hacía, a cada paso que daba, más melódico y atractivo. Fueron muchos los años que duró su viaje, pero al final de él, justo en el fin del mundo, en el barranco dónde se acaba todo, encontró la procedéncia de ese sonido en el cuerpo de una mujer. Ella era la criatura más hermosa que había visto en su vida, llevaba una túnica de satén blanco, y en su espalda relucían como por arte de mágia, dos alas totalmente transparentes, pero con más colores de los que había visto en su vida. Su mirada era ambarina, y pese a su belleza, encerraba en ella un alo de tristeza más grande que toda la tristeza del mundo junta, pese a ello, su en su voz encerraba la melodía más bella que había escuchado jamás. Pero sus palabras eran tristes. - Guarda a esta niña, es la última de nosotras, no podemos perderla, por que cuando ella falte, el mundo dejará de exisitir como tal. -Y eso no podemos permitirlo, dijo sin pensar. Hasta entonces no se había percatado del bulto que tenía la mujer en sus brazos. El aura que desprendía era extraordinaria. En ese preciso instante, descubrió que la criatura que emitía el sonido, no era la mujer, si no la niñita que llevaba envuelta la misma túnica. - Ha sido ella la que te ha llamado, no yo. No tengo fuerzas ni para sostenerla, me estoy muriendo.- Dijo el hada, apenada. - Y ella ha elegido a quien quiere como madre. - Pero si yo no sé de niños, ¿Qué voy a hacer yo con una criatura?. - Contestó. - No te preocupes, en el momento en el que la cojas en brazos, sabrás por instinto, como ayudarla a crecer. - Dijo acercándosele y tendiendo a la niña en señal de que la cogiera. En el momento en el que la sostubo en brazos, como dijo el hada, ella supo como cuidarla, como alimentarla y como educarla, por que la niña, en su infinita inocéncia, con su infinita mirada, la condujo por los entresijos de su interior, y la ayudó a hacer florecer el conocimiento que toda mujer posee. La maternidad. Así esta mujer, lo primero que hizo fue ponerle un nombre. Lucía. El hada cayó a sus pies, inherte, y aunque sabía que nunca se volvería a levantar, en su rostro había paz. La mujer, acurrucó a la niña en sus brazos, y emprendió de nuevo otro viaje, en el que sus pies solo pararían donde ellos quisieran hacerlo, y allí se establecería con su hija. Le sorprendió la vuelta del viaje, pues en los lugares donde ella pasaba con Lucía, volvía a germinar algún color ya olvidado, colores distintos en cada lugar, y ya no veía tristezas, ni peleas, ni desesperación ni hambre. Esa niña, había heredado todo el poder de las hadas para devolver al mundo, otra vez, su luz. Fin. Mi hija dormía segura de que ella era la última hada del planeta, le dí el beso de buenas noches que todas madres dan a sus hijos cuando se abrazan a morfeo, la arropé con el cariño que mi niña siempre me inspiraba y bendije a las hadas por haberme otorgado aquel don. Y yo, por fin, acabé mi larga jornada laboral. |
Kaze no michiFelix qui potuit rerum cognescere causas. (Virgilio)
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