Bebiendo de mí

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¿Cómo volverá a ser el mundo lo que era después de tanta maldad?

¿Cómo volverán a ser los hombres lo que eran, si ya no les queda esperanza?

¿Cómo volverá la humanidad a creer en si misma, si ya ha perdido la fé?

Hay varias palabras que definen las virtudes de los seres humanos:

Valor, coraje, esperanza, fe, orgullo, bondad, sabiduría, comprensión, empatía, humildad, estoicismo, fuerza, lucha...

Desgraciadamente, todas estas palabras se empañan con la absurda cotidianidad a la que hemos llegado, los únicos que acceden a estas palabras, paradógicamente, son los que empuñan un arma contra sus semejantes... y a ésto le llamamos civilización.

No nos sentimos fuertes y valerosos si no protegemos algo, o nos protegemos de algo. Sin embargo, ¿De qué nos protegemos si no de nosotros mismos?¿Por qué nos gusta sentirnos protegidos, si en realidad no deberíamos protegernos de nadie?

¿De un mal que arrase el mundo?¿De nuestros "enemigos"? ¿Del vecino?... Posiblemente nos estemos volviendo tan cobardes que no nos demos cuenta de que en realidad, de lo único que deberíamos protegernos es de nuestras própias inseguridades. Del miedo al vacío y a la nada.

Las mujeres, por ejemplo. No he conocido todavía a ninguna mujer a la que no le guste "sentirse protegida"... ello me hace pensar en mí misma, en que tal vez sí, tal vez a mí también me guste "sentirme protegida"... pero siempre vuelvo a la misma conclusión: "Protegida", ¿De qué?, si de lo que en realidad debería protegerme es de mis propios pensamientos e inseguridades, que cada vez son menos, cada año que pasa tengo más claro que de poco tengo miedo, me he visto en tantas situaciones impasible y serena, que no me "asusta" nada.

Bebiendo de mí misma en estos últimos días, he hecho un ejercicio de autoconocimiento, y me he dado cuenta, que de lo que más me asustaba, era solo un espejismo, una ficción, y por ende, tampoco me asusta ahora.

Es más, en estos últimos días he llegado incluso a sentirme orgullosa de mí misma.

De mí, quien me lo iría a decir, pero si. Nadie me ha regalado nada y sin embargo aquí estoy, en esta absurda vida y este absurdo tiempo vacío de esperanzas, de anhelos reales, de aprecio a la vida.

En todos estos años de vida, me he dado cuenta de eso, de que la gente no aprecia la vida, desprecia su existéncia creando realidades que no son verdad. Realidades que sin embargo les ayuda a creer que la vida es sólo eso, irrealidad y ficción. Encuentros, amores, pasiones, deseos... ¿Y solo eso?.

Pues no, la vida no es solo encontrarse, amarse, apasionarse y desear. La vida es hacer, es luchar por lo que se quiere, es desgastarse hasta la extenuación y beber un vaso de agua después, la vida es apreciar el valor de las pequeñas cosas, de una sonrisa y una mirada. De pasarse el día viendo como un animalillo que no te llega a la rodilla juega con una simple goma de pelo, y es feliz. La vida es angustia y son lágrimas. La vida es lluvia y viento, es una hoguera en la playa con dos personas más contemplando el mismo fuego. La vida es una lluvia de estrellas. Y mirar hacia arriba y saber que no eres más grande que un grano de arena en el universo y llenarte de él. La vida es un helado o un café acompañado de otro ser. La vida es un dragón con alas rojas que escupe fuego y un lago y una cascada, y un baño a las cinco de la mañana.

La vida, son tantas cosas, que lo único que debería darnos miedo de ella, no es no sentirnos "protegidos", si no perderse un segundo de ella.

22/08/2007 01:48 Autor: aedia. #. Tema: Mis ollas.

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