
Es ahí, justo donde se enmarcan las sombras en el laberinto inhóspito de las esquinas de cualquier parte, donde tu ser parte del mío y me llevas al averno. Juntas caminamos despacio, casi susurrando los pasos. Vivimos dulces momentos en los que nos fundimos en un abrazo largo, casi eterno. Pero el sueño acaba, como el abrazo. Y es donde, en el momento en el que el día empieza a despertar y la luz juega el fácil papel de desencantadora anunciante de la mañana, cuando nos despedimos.