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El secreto de Ana

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1. Hablando de puertas.

Son rectangulares, normalmente adornadas con motivos florales, algunas acristaladas, otras totalmente macizas. Antiguamente no eran lo que son hoy en día, antiguamente eran de fullola, no tenían una gran resistencia, y muy al contrario del resto de muebles de una casa, que se han vuelto más funcionales que decorativos, las puertas han tomado un cáliz más robusto, mas entero. Entras en una casa y en lo primero que te fijas antes de entrar es en la calidad de la puerta. Si la puerta es buena, robusta, segura, da la sensación que entras en un mundo en el que lo que hay en el exterior no puede hacerte daño. Sin embargo, si entras en una casa donde la puerta es de mala calidad, da una sensación de desasosiego e inseguridad muy poco agradable.

Eso es lo que me pasó a mí el día en el que traspasé, por primera vez, la puerta de casa de Ana.

La conocí esa misma noche, en un bar cualquiera de esta maldita ciudad, la verdad es que fue ella la que se fijó en mí, cuando nuestras miradas se cruzaron y comprobé dos veces que su sonrisa pícara iba dirigida a mí, comprendí en seguida, que había encontrado lo que andaba buscando allí. Llevaba un vestido rojo de tirantes, suficientemente largo como para que no pasaran desapercibidas sus piernas perfectas, y el pelo corto graciosamente decorado con gomina brillante, no llevaba pendientes ni joyas, y por su comodidad, intuí enseguida que todo lo que llevaba encima lo había dejado en el guarda ropa.

Ella también buscaba una presa.

Se acercó a mí despacio, como saboreando el momento de cruzar nuestra primera palabra, mirándome directamente a los ojos, sin parpadear. Contoneaba las caderas con movimientos rítmicos y precisos, mostrándome todas sus armas, sucumbí pronto al hechizo de aquella mujer, no me costó nada entablar una conversación amigable con ella, de esas casi estudiadas que entablas con desconocidos: -Hola, me llamo tal. –Hace mucho que vienes por aquí. – Sí a mi también me gusta el ambiente… ¿Te apetece una copa?

En definitiva no era una mujer espectacular, pero entraba dentro de mis expectativas; ni demasiado alta, ni demasiado gruesa, ni demasiado fea, con conversación agradable y discreta. Perfecta para el tipo de sexo sin compromiso que necesitaba.

No tardamos mucho en enrollarnos, ambos sabíamos perfectamente a lo que íbamos. Me sentía excitado, sediento de aquella mujer, ella era puro sexo, apasionada, salvaje. No tardó mucho en atacar a mi entrepierna con rabia, deseosa de tenerlo entre sus manos, no paraba de acariciarme con fuerza, yo la apretaba contra mí en esos momentos, tenía ganas de carne, quería tenerla debajo mío… o encima, quería tenerla cerca, y ya empezaba a estorbarnos la ropa. – Tengo el coche fuera.- Me dijo. – Vamos a mi casa.

No aguantamos hasta su casa, en un descansillo de la nacional, paró el coche, apagó las luces y se subió encima mío. – Uno rápido.- me dijo.- Luego habrá tiempo para la ternura.- Mientras me desabrochaba el pantalón, yo hundí mis manos en sus pechos, los probé ansioso, ella se dejaba hacer sin parar de buscar su cometido.

Me bajó los pantalones lo suficiente como para que no molestasen ni tuviera que moverme demasiado. Como sospechaba, no llevaba ropa interior, lo pude comprobar en el momento en el que se acomodó y empujó hacia adentro. Empezó a contonearse frenéticamente encima de mí, yo estaba acostumbrado a follar, pero aquella mujer me dejó sin aliento en los primeros cinco minutos, provocó mi eyaculación en dos y aún pudo provocarme otra, pero ella también se había corrido.

Como quien cumple una misión, saltó de encima mío pese a mi insistencia de querer abrazarla. Mecánicamente encendió el motor del coche, encendió las luces, se puso el cinturón de seguridad y se puso en marcha.

- Ya habrá tiempo para la ternura.- Repitió con una sonrisa en la boca.

Aquella sonrisa enigmática, excitada y melancólica me hizo pensar en que aquella frase era más un mantra para ella que puras palabras elegidas al azar, y mientras daba vueltas en mi cabeza, aquella sonrisa se me dibujó en un lugar de la memoria donde nunca se borraría.

Llegamos al barrio dónde vivía Ana, se dirigió directamente a la puerta de un parking, sacó de la guantera un mando y accionó el mecanismo eléctrico que abriría la puerta. Entramos en el parking y aparcó el coche en una amplia zona de aparcamiento libre de obstáculos.

Ana me miró, apagó el radio cd, desconectó las luces, cerró la ventanilla, apagó el motor, se quitó el cinturón de seguridad, abrió la puerta y salió del coche. Yo hice exactamente lo mismo, pero sin las vicisitudes que acarrea el conductor. Cuando cerré la puerta sonó como un pitido, el cierre centralizado del coche hizo su función mientras Ana ya comenzaba a andar con paso seguro hacia la puerta de servicio.

Me la quedé mirando como quien tiene una visión, se me empezaba a hacer una imagen de ella incomparable a todas las mujeres con las que he estado. La mayoría esperan de ti una caricia, un beso, una palabra. Te miran como un perro anhelando el hueso, aunque sólo sea por una noche, quieren sentirse queridas. Ana no. Ana buscó, encontró, cogió, dio y no esperó, nada. Dudo mucho que si quiera esperase a que yo despertase de mi absurdo embelesamiento y emprendiera el camino rumbo al placer de su sexo. Dudo mucho que esperase a que le dijera un espérame. Dudo mucho que, durante el camino a su casa esperara una palabra mía, una caricia, un beso. Ana no era una mujer corriente.

Y fue durante ese pensamiento, cuando cometí el peor error de mi vida.

Corrí hacia ella y me puse a su altura, me miró sonriente y me pegó una cachetada en el trasero, me guiño un ojo y se paró.

- ¿Qué pasa?.- Pregunté.

- El ascensor.- Dijo ella mirando hacia la pared donde precisamente se dibujaba la puerta de un ascensor. Me ha hipnotizado. Pensé al mismo tiempo que ella apretaba el botón de llamada.

Una vez llegamos al descansillo de su piso, metió la llave en la cerradura de la puerta y abrió. Una mezcla de olores salieron despedidos del apartamento, una combinación de pachouli con vainilla y menta, el olor se metió en mi nariz y me hizo estornudar, era fuerte, pero no era desagradable, traspasé el umbral y ipso facto empezó a invadirme una sensación extraña, mezcla de inseguridad y recelo, por un momento pensé en salir de allí, pero ya había probado un poco del sexo de Ana, y mi otro yo pedía a gritos la mortaja a la que ella me estaba viciando.

19/09/2007 09:48 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos Hay 4 comentarios.

Canción de una noche de verano

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- ¿Volveré a verte?

- No sé, tal vez... por aquí.

- ¿Dónde vives?

- En un lugar donde no podrías llegar nunca.

- Qué cruel eres... ¿No crees?

- En realidad creo que te estoy haciendo un favor.

- ¿Por qué?

- No estoy hecha para tí...

- Eres cruel... pero contigo.

Selene se escondía entre la neblina, mientras el mar permanecía en calma. El viento susurraba un antiguo canto y mi cuerpo empezaban a acusar el relente de la noche, junto al sudor y la humedad.

- Empiezo a tener frío.

- Ven.

- Mmmm... qué agustito se está así.

Sus brazos me rodearon tiernamente, su aliento volvió a encenderme.

- Si, se está muy agusto.

Volvió a besarme.

- Dáme una pista, ¿Dónde vives?

- Ya te lo he dicho. - Me interrumpió con otro beso.

- Podría llegar... seguro.

Sonreí.- Si, seguro.- Y lo volví a besar.- Pero prefiero quedarme con esto.

- Lo bueno, si breve, dos veces bueno.- Rió.

- Es el segundo refrán que dices esta noche.

- Me gustan los refranes.

- A mí también.

- Me voy mañana.

- Lo sé. ¿A que hora cogeis el avión?.

- A las tres.

- Todavía nos queda tiempo.

- Si.

Silencio, viento, mar, agua, luna, estrellas, abrazos, besos...

...deseo...

- ¿Vamos al agua?.

- Pero si estás muerta de frío.- Rió de nuevo.

- Ya.- Dije sin reir.

- Vamos.

 

27/08/2007 00:55 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Cosas que llevar para un viaje sin vuelta atrás

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Llevaré mi luz y mis tinieblas para recordar lo que no volveré a ver.

Llevaré mi destino a cuestas, como los caracoles llevan su casa.

Llevaré mil estrellas para contemplarlas en la noche.

Llevaré mi saco de dormir, mi linterna y mi navaja... por si acaso.

Llevaré mi sonrisa y mis lágrimas.

Mi llavero, por si me dan una llave para abrir una puerta que lleve a alguna parte.

Llevaré mi memoria, para no olvidarme de nada ni de nadie.

Llevaré a mi gata, para que me brinde su silenciosa y cómplice compañía.

Llevaré los besos que he dado... y los que no he dado también.

Llevaré los abrazos, las palabras y los pensamientos que son mios y de nadie más.

Llevaré mi libreta y mi bolígrafo, negro por favor.

Llevaré mi nostalgia, mi tristeza y mi sobérvia, y las dejaré ahí donde llegue... para no volver.

Llevaré todo lo malo que creció en mí y lo enterraré en el cementerio de animales, dónde siempre tuvo que estar y nunca debió salir.

Mi cepillo de dientes y mi chaqueta. Mis bambas rojas y mis tejanos. Mi camiseta y mi jersey. Mi peine y mi colónia, mi fotografía y mi identidad...

¿Qué volverá?

Qui est-ce qui sait ? 

 

01/06/2007 00:21 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos Hay 1 comentario.

Irrealidad.

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Versos encontrados en la raíz de un árbol.

Azul celeste en el cielo, añil en las paredes.

Ventura efímera, carmín en la solapa.

Arrugas en la camisa, vestido sobre el suelo.

Desnudez en el corazón, pereza en los ojos.

Arriba el viento, abajo la tierra, que tiembla.

Barniz en las fosas nasales, fresas en el paladar.

Flores en el pelo, verde en la hierva.

Mañana soleada, lunes lluvioso.

La razón no és lo que aparenta, cuando el corazón habla de escarcha los sentidos se vuelven efímeros  las alas baten por los horizontes de la nostalgia y Selene canta camuflada en el son de un poeta rodeado de miserias.

Sueña con serpientes y despierta al alba, deseando un rabo de nuve buscando un corazón herido de dudas y amor, perseguido por un viajero que alza una maza rezando ojalá, besando besos sin besarlos, acariciando caricias sin acariciarlas, montando monturas que no monta y volando vientos sin volar.

Oculto de la bruma de las verdades, vuelve al paraíso artificial de los versos encontrados bajo un árbol, viviendo realidades irreales.

El poeta poema el amor cuando las ascuas del fuego aún resplandecen, mientras su alma, duerme. 

 

19/04/2007 23:49 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos Hay 2 comentarios.

Wind

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Mañana tal vez no lo recuerdes, puede que incluso en tu subconsciente, veas este día como un sueño de la infancia, algo lejano, casi imperceptible que se activa de vez en cuando, pero no puedes identificar correctamente. Mañana te habrás olvidado de mí, de hecho es lo que quiero, pues de lo contrario ¿de que me serviría hechizarte?.


En el momento en el que se acabe la magia, te darás la vuelta y te echarás a dormir como un niño pequeño que acaba de jugar a un juego muy cansado.

Dormirás, yo velaré tu sueño mientras te meces en los brazos de Morfeo, aunque no esperaré a que despiertes, pues soy intangible y me verás como a un fantasma. Y yo volveré a mi refugio eólico, arriba, más allá de las nubes y vigilaré desde una de ellas, sentada, tu despertar y tu vida.

Hablaré con Zeus, para saber como pudo sobrellevar el enamorarse de un mortal, y le pediré consejo. Durante cuatro días seguidos, no te preocupes si llueve, soy yo, que desde la nube en la que te vigilo lloro por no poder estar a tu lado.

Te he bendecido con la gracia del viento, siempre libre, con la fuerza del huracán cuando estés enfadado y con la dulzura de la brisa de verano cuando estés con quien te mereces. Mi sino será vigilar tu camino, y ser indirectamente quien te ayude a levantarte cuando te caigas, seré tu cojín de plumas, tu brisa, tu huracán, pero nunca volveré a estar contigo.
Te quiero.

-No me digas eso. No podría soportarlo.

Lo soportarás, por que no te acordarás de mí cuando despiertes.

-Entonces no dormiré nunca.

Shhhh, Duerme.

El mortal se durmió, y el Viento veló sus sueños durante las horas de nocturnidad. Antes de desaparecer, besó a su amado en el rostro, y no volvieron a verse jamás.


Hace miles de años, una niña de 22 escribió éste relato. Realmente nunca se pudo imaginar que a la edad de 27 le diera una lección.

23/03/2007 13:35 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Revelaciones

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Pese a mis propios pesares, pese a la vida que me está tocando vivir, no puedo y no quiero olvidarme de cuanto me has querido.

No puedo olvidarme de las mañanas soleadas de agosto en las que me despertaba con el sonido de tu azada de fondo, arañando la tierra que posiblemente te recordara a la tuya, la del sur, la malagueña tierra de Torrox que no volviste a pisar desde que empezaste a tener tu propia familia.

Por eso, para tí y por tí, por ser el mejor padre que he tenido y por haberme querido como a tu hija y la mayor de tus nietas, te dedico este libro.

 

Este que empiezo ahora y que no pararé de escribir hasta desgajar la tierra parte a parte, a dentelladas secas y valientes para besar tu noble calabera, y conocerte cómo eras.

Dedico también parte de este libro a Almudena Grandes, una tocaya que me dedicó el libro que funcionó como un resorte y deseó que disfrutara de una larga historia, sin saber, que en ese Corazón helado, residía una nieta capaz de fustigar un pasado de un abuelo que no quiso olvidar. Y que esa nieta, en otra vida, y ese abuelo, en otra vida, eran José López Galindo y Almudena López López.

Gracias a ella, y a él, empiezo esta historia en el día que me dí cuenta después de leer la página 640 de la editorial Tusquets, de ese libro, que mi abuelo podía querer a otros nietos, pero a ninguno quiso como a su primera nieta, que fuí yo.

Agradezco también a Sergio Campos, mi amigo y mi pepito grillo, el esfuerzo que tuvo que hacer para pedirle a ésa gran escritora que no solo lleva de grande el apellido que le dedicara a una que és la que escribe esa gran historia que todavía no he acabado de leer. Pues gran parte del mérito que tiene el haberme hecho resurgir de mis cenizas, lo tiene él y no podía ser de otra manera.

Por supuesto, a mi amigo Carlos, el que estuvo allí cuando me derrumbé y me sostuvo hasta que me recompuse.

A todos y a cada uno de los que me soportan el día a día, mis compañeros y amigos, mi familia, pues sin ellos no podría estar donde estoy ni llevaría mi cabeza al estado de cordura que necesito a cada momento.

Pero sobre todo, dedico este libro, a todos los nietos y nietas que alguna vez en su vida, han aprendido de la sabiduría de sus mayores, y a todos los abuelos que alguna vez, al lado de una chimenea, sentados en la orilla del mar, abrigados contra el frío invierno en el parque, contaron a los hijos de sus hijos, alguna parte de su propia historia. 

Ahora son las dos menos cinco de la madrugada del siete de marzo del dos mil siete. Y hoy, mi vida ha dado el giro que esperaba desde el día en que mi madre me parió. Hoy, y solo hoy he resucitado nueva, me he desenterrado y he vuelto a nacer. Hoy y solo hoy, me he dado cuenta de que el tiempo es tan efímero y tan eterno como las oportunidades que queramos darnos a nosotros mismos; Pues nosotros y solo nosotros, cada uno como individuo, somos los que podemos cambiar nuestra propia vida según se nos antoje, según nos convenga, según queramos vivirla.

Y hoy, sólo hoy, he descubierto, cómo quiero vivir.

Yayo, hoy no es un día para estar tristes, hoy es un día para celebrar. Hoy he vuelto a nacer.

Biquiños de Viento ^_^ 

07/03/2007 02:02 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos Hay 2 comentarios.

¿Qué es el arte?

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Arte es buscarte y encontrarte.

Arte es mirarte y contemplarte.

Arte es hablarte y contestarte.

Arte es enamortarte y soportarte.

Arte es recordarte y olvidarte.

Arte es matarte y revivirte.

Arte es sostenerte y amamantarte.

Arte es llevarte y devolverte.

Arte es acariciarte y besarte.

Arte es tenerte y dejarte.

Arte es liberarte y esclavizarte.

Arte es discutirte y reconciliarte.

Arte es contradecirte y razonarte.

Arte es imaginarte y dibujarte.

Arte es escucharte y comprenderte.

 

Al fin y al cabo, Arte es amarte.

 

Biquiños ^_^ 

27/02/2007 00:16 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos Hay 2 comentarios.

A Wolf

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Es un ser superior por eso mira así, con el hocico mirando al suelo y sus ojos clabados en su presa.

Los demás ya saben qué hacer mientras él solo se enfrenta al jabalí, ellos también esperan que salte. Se lo han dicho todo sin emitir un solo sonido, él mira a su hembra y ella asiente, ella mira al macho que tiene al lado y él se va marcando un rodeo, será el que ataque por detrás, junto a los más jóvenes.

Él está solo ante el gran cerdo, con sus grandes comillos y su mala leche, pero respira tranquilo, y si se pudiera tocar ahora mismo, su corazón delataría una calma absoluta, sabe que su manada está ahí y juntos lo cazarán para darse un festín esta noche.

Ella también lo sabe, se agazapa entre la maleza silenciosa y lenta, a penas se la ve, y ahí, espera.

El jabalí está nervioso, siente la presencia del lobo que hay delante suyo y sabe que es un animal curtido y despiadado, y que no le va a dar la oportunidad de huir. Sólo le quedan dos opciones, vivir o morir. Y no está dispuesto a quedarse con la segunda.

Así que ataca.

Su carga es brutal. Mientras corre, su cabeza se agacha para poner sus colmillos en avanzadilla y ganar fuerza en la embestida. Pero el viejo lobo lo sabe, y no coje carrerilla para cargar con él, sabe que sería un suicidio hacerlo, así que flexiona sus patas traseras y se dispone a saltar sobre él, al tiempo que busca un hueco en el que colarse entre su cabeza y sus homóplatos para clabarle los colmillos.

Al mismo tiempo, la manada se pone en acción, y desde tres flancos diferentes, atacan al unísono al jabalí.

Entre mordiscos, embestidas, garrazos y arañazos, los lobos, juntos, logran acabar con él y pegarse el festín nocturno.

La manada ha perdido a un miembro, el joven hijo del viejo lobo y su hembra. Juntos, aullan a la luna para que lo guíe con su luz al paraíso.

Han perdido a muchos con el paso del tiempo, pero la manada sigue junta, todos y cada uno de ellos conoce su papel en el juego que la supervivéncia ha urdido. Pero lo superan.

Día a día, semana a semana, mes a mes, año a año, la manada, pervive.

21/02/2007 01:00 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Hoy te invito a volar conmigo

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Buenas noches.

Aquí estoy, sentada en el tejado. Ven, acercaté y sientaté a mi lado, hoy te voy a enseñar a volar.

Antes que nada quiero que tengas presente una cosa, en el mundo, a parte de las aves, hay muy pocos que saben volar. Pero con un poco de paciéncia y voluntad, todo se aprende.

Yo aprendí a volar cuando tan solo era una cría, casi ni me acuerdo de como aprendí. De lo que sí que me acuerdo es de aquel primer día en el que mis pies dejaron de tocar el suelo. Fueron unos pocos segundos, miré hacia el suelo y me dí cuenta de que estaba flotando, me había elevado dos centímetros escasos, en cuanto mi mente percibió que estaba suspendida en el aire, volví a bajar.

Fui practicando poco a poco, y hoy en día me he convertido en casi una maestra del vuelo humano.

Pero dejémonos de historias pasadas. Mi cometido hoy es enseñarte a volar. No desesperes, pues será un proceso largo y tristemente, frustrante. Ya que no lo consiguen muchos, y los que lo consiguen lo hacen tras años de trabajo duro y grandes derrotas, pues el arte de dominar el vuelo es muy muy difícil de aprender. Y solo se consigue si empeñas todo lo que tienes dentro por el deseo de volar. No sirve sólo el quererlo, el decir "me gustaría volar". Es un deseo, algo que quieres con toda el alma, con toda tu voluntad, con todo tu empeño y con todo tu corazón. En este proceso cuenta tanto tu fuerza de voluntad, tus buenas intenciones, tu amor y tu conciéncia, como toda tu rábia, todo tu ardor, todo tu odio y toda tu angústia. Volar sólo se consigue poniendo tus entrañas encima de la mesa y desgajándolas hasta que sólo quede la voluntad de hacerlo.

Así que no es tan fácil como dejárse caer y esperar que la suerte juegue con la gravedad. Eso no es viable. Antes de empezar a volar, se ha de aprender a sentir como siente el viento.

Levántate, vamos hacia el borde del tejado. ¿Ves el suelo?, son setenta metros de caida. Si ahora te diera por tirarte, acabarías irremediablemente, estampado contra el suelo. Pero no dejes de mirar hacia abajo, deja que tu cuerpo se acostumbre a la altura, deja que tu mente tome consciéncia de lo que tienes bajo los pies, setenta metros de caida. Cuando sepas dominar el vuelo, ésto te parecerá un juego de niños, pero de momento conviene que le tengas miedo. El miedo también sirve para aprender a volar. Ya te he dicho que todos tus sentidos y tus sentimientos cuentan. El miedo también es un sentimiento.

Bien. Levánta los brazos de forma que tu cuerpo quede en cruz y siente como el viento roza todos los poros de tu piel, se introduce dentro de tus pulmones, primero, con la respiración. La respiración es importante, ya que te ayudará a relajarte y a dar el primer paso.

Sin dejar de mirar abajo, y en esta posición. Empieza a inspirar y a expirar, siente como el aire inunda tus pulmones, para después, expulsarlo. Mantén una respiración rítmica y relajada.

Poco a poco te irás dando cuenta de que tu cuerpo flojea. Tranquilo. Es totalmente normal. Poco a poco, inconscientemente, estás habituándote a la altura y tu cuerpo responde de esa manera.

Ahora cierra los ojos, pero mantén la cabeza en la misma postura, como mirando hacia abajo. El suelo es tu punto de referéncia para dominar el vuelo, de esa manera, siempre tienes una idea de cuan lejos estás de él, así como sabes donde estás y por donde te mueves. No queremos que te pierdas por ahí arriba.

Con los ojos cerrados, siente como el viento empieza a entrar en tu cuerpo. Primero por los pies, sentirás un breve cosquilleo que va subiendo poco a poco desde la punta de los dedos hasta el último cabello de tu cabeza. Es un proceso largo, así que no te impacientes.

Ahora, cuando el viento entre en tu cabeza, ten cuidado. Él y solo él, arrastra todos los sentimientos del mundo, desde el llanto de un niño al ver como han matado a sus padres, hasta el placer que siente una pareja cuando acaban de hacer el amor. Así que, un buen volador, tiene que tener una mente fuerte, de lo contrario, cada vez que volara, se volvería loco. Pues cuando un humano vuela, lo hace por que el viento lo posee, y con él, todo lo que arrastra.

En el momento en el que tu cuerpo sienta que todo él forma parte del viento, abre los ojos y te sorprenderás de lo que estás viendo.

Bueno. Ya es tiempo de irme. Practica todo lo que te he enseñado y nos veremos en la próxima clase.

07/10/2006 01:43 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Name less

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Así se llama, por que no tiene nombre.

Sus padres lo engendraron cuando todavía el mundo no era mundo, por eso también es un ser andrógino, no tiene sexo, por lo tanto no disfruta del placer de yacer con otro ser, es un ser triste, por ende.

Lo que sí tiene Name less, es un pasado, un pasado el cual ha decidido olvidar, ya que como muchos otros seres, no quiere recordarlo.

A Name less, le gusta mucho la historia de egipto, sueña con Nefertiti y Cleopatra, y piensa que le gustaría ser Anubis. Aunque el sueño de Name less, es que algún día alguien le de un nombre, y deje de ser un ser anónimo.

Name less, vive con su gato. El gato tampoco tiene nombre, aunque a él le gusta llamarlo gato, le recuerda al de Haudrey Hepburg (o algo así) en desayuno con diamantes, ya que Gato, salta encima de cualquiera que entre a casa y no se quite los zapatos. Gato es un gato negro, con un ojo verde y el otro blanco, ya que en una de esas escapadas callejeras que hacía cuando era más joven, se topó con uno más grande que él y casi le arranca el ojo. No ve por él, pero se defiende muy bien tuerto.

Name less, hoy está alegre, feliz, ya que ha tenido una visita, una mariposa ha entrado en su casa y le ha hecho compañía durante unos segundos, la mariposa era verde y amarilla, y tenía unas antenitas muy grandes que le han hecho cosquillas en la nariz cuando se ha posado en ella, por eso Name less hoy tiene una sonrisa en la cara, y le brilla el cuerpo con un aura resplandeciente de luz.

Name less, no es un adonis, pero como no sabe si es hombre o mujer, pues tampoco le preocupa mucho tener buen cuerpo, o estar en la línea de la moda de hoy en día, que por cierto, le parece aterradora, con esos cuerpos tan absolutamente delgados y decrépitos, los cuales le recuerdan a una escultura que vió hace tiempo en un museo, de un hombre crucificado en las puertas del infierno.

Ahora Name less, se está yendo a dormir, tiene sueño pues el día ha sido duro, la visita de la mariposa, aunque fortuita y aterradoramente breve, lo ha agotado, y prefiere mil veces sumirse en los brazos de Morfeo a enfrentar su tediosa realidad.

Le voy a dar las buenas noches, me acostaré junto a él y le cantaré una nana, susurándosela al oido, como a él le gusta.

Buenas noches Name less, el viento hoy te acompaña en tu vigilia

On me dit que nos vies ne valent pas grand chose,
Elles passent en un instant comme fanent les roses.
On me dit que le temps qui glisse est un salaud
Que de nos chagrins il s’en fait des manteaux
Pourtant quelqu’un m’a dit...

{Refrain:}
Que tu m’aimais encore,
C’est quelqu’un qui m’a dit que tu m’aimais encore.
Serais ce possible alors ?

On me dit que le destin se moque bien de nous
Qu’il ne nous donne rien et qu’il nous promet tout
Parait qu’le bonheur est à portée de main,
Alors on tend la main et on se retrouve fou
Pourtant quelqu’un m’a dit ...

{au refrain}

Mais qui est ce qui m’a dit que toujours tu m’aimais?
Je ne me souviens plus c’était tard dans la nuit,
J’entend encore la voix, mais je ne vois plus les traits
"Il vous aime, c’est secret, lui dites pas que j’vous l’ai dit"
Tu vois quelqu’un m’a dit...

Que tu m’aimais encore, me l’a t’on vraiment dit...
Que tu m’aimais encore, serais ce possible alors ?

On me dit que nos vies ne valent pas grand chose,
Elles passent en un instant comme fanent les roses
On me dit que le temps qui glisse est un salaud
Que de nos tristesses il s’en fait des manteaux,
Pourtant quelqu’un m’a dit que...


Biquiños de Viento XD

15/03/2006 02:52 Autor: aedia. #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Notas imposibles

pianowoman.jpgEstaba sentada frente a su amigo, su confidente, su mas fiel acompañante. Distraidamente puso una mano sobre él y empezó a tocar la primera melodía que oyó escuchar una vez a su padre Opera nº 5 Berceuse en Do sostenido, de chopin. Era tal la emoción de Elisa, que no pudo acabarla. Rompió a llorar mientras un sonido desafinado salía del piano, una de las cuerdas se había roto.

No le importó en absoluto, se dejó conducir por la mágia que transmitían sus dedos al piano, y empezó a tocar con un ritmo desenfrenado la segunda parte de la opereta, mientras pensaba en no dejar que sus sentimientos estropearan tan bella melodía.

Recordó el día en el que su padre la inició en el arte del piano, había tenido una pesadilla y había logrado llegar al estudio de éste, y mientras lloraba, su padre la sentó en el taburete y la empezó a instruir. Así pasaron diez años, hasta que por fin, un día, la invitaron a hacer un concierto en el auditorio de su ciudad, ese fue el primer paso para convertirse en una de las mejores pianistas de la época.

¿Para qué había servido?... aún buscaba la respuesta.

Veinte años después, sentada frente a su piano, se preguntó por primera vez, si todos los esfuerzos que había echo para aprender a tocar le servían para algo.

Pese a sus dudas, ella seguía tocando. Sabía que no tenía la respuesta, pero se dió cuenta de que el sonido de aquel instrumento era lo único en su vida que la hacía sentir un poco viva, se dió cuenta de que pese a querer dejar de tocar, no podía pues sus palabras eran la música.

Dejó de tocar a Chopin y empezó con Beethoven, aquel sordo compositor, genio del piano, la inspiraba, su novena sinfonía retumbó por toda la casa, la tocaba con rábia, con pasión, sin importarle para nada el despertar a nadie, se sentía tan bien tocando aquella música, tan enervada, tan fuera de sí, que no paró hasta que sus dedos se entumecieron.

Ella sabía que su vida era la música, pese a todo y pese a todos.
25/05/2005 01:19 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Aurea

COSAS MIAS 036.jpgCogió su maleta y se marchó. Las cosas que llevaba en ella eran las que quiso llevarse, nada mas y nada menos; un cepillo de dientes, un peine, un libro, una libreta, una muda, un par de camisetas, dos pares de pantalones y un bolígrafo... ¿para qué quería mas?, para que quería llenar esa maleta de cosas que no le servían para nada, de un teléfono movil, de una maquina depilatoria o un secador... ¿para que?, se iba, se marchaba donde nadie la reconociera, sin despedidas ni vacilaciones, cogería el primer tren que saliera de la estación con destino a ninguna parte y allí reharía su vida, en otro lugar, con otra gente desconocida, en otros rincones donde aparecer y desaparecer cuando le apeteciera, sin dar explicaciones a nadie de como hacer y deshacer su vida.

El viaje en metro era como siempre, gente gris con su traje gris de las mañanas, con sus miradas frías y sus desplantes al sentarse en el bagón, la mayoría ni si quiera hacía el esfuerzo de mirar a los ojos a sus compañeros de viaje, se sentaban, cogían el periódico, hacían ver que lo leían con cara de interés por lo que pasaba en el mundo... como odiaba al ser humano.

En la parada siguiente entró una mujer anciana, con un niño de la mano, la abuela iba a llevar a su nieto al colegio, el bagón estaba a tope, nadie se inmutó al ver como la mujer hacía malabarismos para mantenerse en pie cuando el metro arrancó, ella se levantó amablemente y le cedió su espacio, la anciana la miró con cara de amabilidad, y sorprendentemente, cedió ese lugar a su nieto, un niñito de cuatro años, con cara enfermiza y ojos tristes.

La señora que estaba al lado de ese asiento miró a la anciana reprovatiba, como diciendo "ese lugar está reservado para las personas mayores, y usted sienta al niño", pero la anciana no hizo caso del desplante y sonrió a Aurea.

- Está malito ¿sabes?, lleva desde que nació malito.- Dijo la anciana como disculpándose.
- No se preocupe señora, yo le he cedido el asiento a usted, pero puede sentarse el niño, no seré yo quien le diga nada.- Dijo Aurea sonriéndola y mirando a la otra señora casi con odio.

El niño tosió, y la señora de al lado hizo un ademán, como si los microbios del pobre chavalillo infectaran su espacio vital.

- Señora, ¡que no muerde!- Le contestó Aurea, cansada de tanta tontería.

La mujer se levantó altiva, por un momento Aurea pensó que la iba a matar con la mirada, pero el metro dió un frenazo y la mujer casi salió disparada hacia adelante, de no ser por Aurea, que la cogió justo antes de que perdiera el equilibrio, se hubiera dado un buen trompazo, aunque la mujer, lejos de agradecerlo, se recompuso, y salió del bagón taconeando.

- Sientesé al lado de su nieto, mujer, que me está haciendo sufrir.- Dijo Aurea a la anciana amablemente. La señora se sentó al lado de su nieto, sacando un pañuelo y limpiándole la nariz, de esa manera que solo saben hacer las abuelas, con tanto cariño...

A Aurea se le encogió el corazón con esa escena, la anciana la miró y le dió las gracias.

- Eres una buena chica, ojalá se den cuenta los que te pierden.- Le dijo sorprendiéndola.
- ¿como...?.- Empezó a preguntar Aurea.
- Es facil saberlo.- Contestó la mujer interrumpiéndola.- Cuando una mujer envejece, se lleva consigo muchas cosas, entre ellas, el reconocer a otra mujer como ella.- Continuó.- Te has ido de tu casa con lo justo, por como vas vestida, diría que te vas de viaje, por la mochila que llevas, te diría que vas a pasar un fin de semana... pero tal como te has comportado con aquella mujer, parece que has aprendido lo que mucha gente todavía le cuesta comprender a tu edad... el ser humano es malo, y eso ya lo sabes tú por experiencia, tus ojos me dicen que esta noche no has dormido, y que has llorado, lo que me hace pensar que has tenido una decepción con alguien... o de todo. No llevas medallas ni anillos, ni si quiera un reloj y el espacio del teléfono movil en tu bolso está vacío, algo bastante poco común en los tiempos que corren, eso me hace deducir, que no esperas que nadie te llame, con lo cual, te sientes sola.- Prosiguió.- Lo que todavía no has aprendido es que por mucho que te empeñes en creerte sola, no lo estás.- Dijo la anciana abrazando a su nieto.- La vida te enseñará a saber quien merece y quien no merece la pena, niña.

Aurea se sintió por un momento perdida, desnuda en un bagón de metro lleno de gente, muda de asombro.

- Pero no te preocupes.- Continuó la anciana.- Haz ese viaje, encuentraté a tí misma, sorprendeté de tu propia soledad, exprime cada segundo que te ofrece la vida, y no pienses en el mañana, por que vendrá... siempre llega.- Le sonrió.- Ya lo ves.- Dijo dirigiéndose a ella misma y a su nieto.- ¿como te llamas, niña?.- Preguntó despues de dos segundos, como acordándose de algo.

-Aurea.- Llegó a contestar.
-Que casualidad.- Dijo abriendo enormemente los ojos.- Yo también.

Ambas sonrieron, con la complicidad de alguien que mira su propio reflejo.

El metro llegó al destino de Aurea, se puso la mochila al hombro y se despidió de su tocaya.

Las últimas palabras de esa mujer que tánto se le parecía fueron dirigidas a su nieto.

- Cuando estuve en Fisterra....- Se apagó la voz.

Aurea ya conocía su destino.
13/05/2005 00:47 #. Tema: Cuentos Hay 2 comentarios.

Nacido libre

AK-102cal5.jpgSiempre decía que no era real, pero yo no me lo creía.
Siempre decía que sus piernas eran el único medio de transporte que conocía, pero yo no me lo creía.
siempre decía que algún día desaparecería, se fundiría en la nada, se iría de mi vida, pero yo no me lo creía.

Desperté de mi ensueño aturdida de tanto haber llorado, se despidió de mí soñando, como siempre lo había echo, pero esa vez fue diferente, sabía que no lo volvería a ver.

Desplegué mis alas y volé hacia el horizonte, hacia aquel lugar donde siempre quedábamos para vernos, al bosque de mis sueños, el que él creó para mí, donde habíta el siléncio.

Junto al arroyo donde tanto nos habíamos amado, había una nueva flor, contabamos cada una de ellas siempre que íbamos allí, juntos... Solo estaba esa, la recién nacida, las demás se habían marchitado. Pero aquella flor era la más preciosa que había visto en mi vida, su perfume era embriagador, y de no haber estado soñando, hubiera asegurado que tenía un efecto narcótico.

Me metamorfoseé en lobo, y corrí como nunca lo había echo, corrí tanto que mis patas cedieron al cansancio antes de parar. Cuando te metamorfoséas en lobo, las cosas las ves diferentes, el agua sabe mejor, los sonidos son más nítidos, la luna... la luna está viva. Le grité, de mi garganta salió un aullido aterrador, desgarrado, ausente de vida. Morí en aquel mismo instante.

Y en mi muerte, estaba sola, como en mi vida, como en el bosque de mis sueños, como siempre.

Desperté de mi ensueño aturdida de tanto haber llorado, me refugié en el musgo cálido de aquel sauce, el agua del arroyo me dió los buenos días. Me fundí en ella, cabalgué por su corriente como un caballo encabritado, dando golpes a las piedras, comiéndome crudos los peces, gritando al siléncio que me aturdía, que me dejaba sorda por no escuchar nada.

Salí de sus aguas, desnuda, vacía. Corrí otra vez, entre las ramas de los árboles que me impedían dárle a mis piernas la velocidad que necesitaba, y el bosque lloró por su auséncia, como lloré yo.

Empezó a llover, los rayos dañában a los árboles que me daban refúgio, sangrándo ellos con sábia, sangrando yo con sangre, me hermané con ellos, pero porco me importaba su dolor, el mío era más profundo. Estaba sola, en aquel inmenso paraíso que él había echo para mí, para que disfrutara de él con él, pero él ya no estaba, se había ido, me había dejado sola.

Cualquier refúgio me parecía vano, cruel. Pero en la soledad de ese bosque, el manto de estrellas que salió después de la lluvia, hizo que subiera hacia una peña y me sentara. Desde allí, el bosque parecía mucho más grande de lo que en realidad era, los sonidos de éste provocaban en mí, sentimientos que nunca había experimentado, la realidad de un paraíso de ensueño que nos habíamos inventado hizo que sostuviera por un momento la idea de metamorfoseárme en la niebla que cubría los prados en aquel momento, y así lo hice.

Y en la niebla me fundí, y vi por un momento unos ojos que me miraban... y supe que jamás volvería a estar sola.

Me desperté de mi ensueño aturdida de tanto haber llorado, yo estaba sola, como siempre... y él no estaba a mi lado, como nunca había estado.

Entonces, sonreí.
22/03/2005 13:14 #. Tema: Cuentos Hay 4 comentarios.

Mi primer latido

Maldito truhan de sueños, amigo,
de corazón marchito y ropas raidas.
De piel de escarcha y voz dormida,
Ya mi corazón no seguirá contigo.

La hiel de tus labios ya no yere,
y de tus letras tu propio destino
cual tela de araña ya has tejido,
fustigando a quien bien te quiere.

En algún lugar mi corazón reposa
lejos de tu vida y de tu camino
saboreando brillantes amaneceres.

Aunque solo quiere de tí una cosa;
Si vuelve a enfrentarnos el destino,
Intentará tratarte como mereces.

Para ser el pirmero, aunque falle un poco la métrica y el estilo no sea muy correcto... No ta mal ¿No?.

Que nadie se sienta aludido, ha sido solo una prueba... a ver que tal se me daba, jejejeje.
10/03/2005 19:17 #. Tema: Cuentos Hay 3 comentarios.

El fuego que late en mi ser

Ven, deja que te ame como nunca he amado a nadie en mi vida.

Sientate junto a mí, escucha mi respiración ¿Notas como se acelera?, es por el roce de las sábanas...

Húndete conmigo en ellas, verás que ya no pasas frío.

Abrazamé, como si me amaras, búscame, siénteme, hazme tuya... solo esta noche, no pido más que sentirme amada durante estos momentos... ¿Después?, no preguntes, ya veremos lo que pasa, no tengas miedo... jamás he pretendido esclavizarte.

¿Que si te amo?... que preguntas haces, pues claro que te amo, como a cada amante que he tenido, sin reglas, sin compromisos, sin ataduras. El amor nos esclaviza, y yo no quiero ser esclava de nadie... por el momento, no.

Pero que tus preguntas no hagan de este momento un instante en vano, haz que me sienta viva, tómame como si fuera el último momento que vivamos así, los dos.

Haz de esta noche algo especial, algo que quede entre los dos, nadie lo sabrá... escepto nosotros.

Tócame, acaríciame, bésame y no pienses en el mañana, aún no ha llegado.

Cuando hayamos acabado, haz de mi pecho tu refúgio, y, juntos, sentiremos como Morfeo nos hunde en el sueño que hemos querido siempre.

¿Mañana?... no pienses.
09/03/2005 19:40 #. Tema: Cuentos Hay 7 comentarios.

Estigio

Caronte.jpgLlegué desde el túnel húmedo y oscuro por el que anduve una eternidad, hasta un lago subterráneo, o eso deduje, ya que no había ni un resquicio de luz, no sabía la razón, pero realmente no estaba cansada.

Al poco de sentarme en un tocón, puesto allí como por casualidad, apareció una pequeña luz en el horizonte que fue acercándose poco a poco hasta que pude distinguir la figura de una pequeña barca.
Los remos no hacían ruido al impulsar la barca en el lago, y tampoco emitió sonido alguno al topar con la orilla, el silencio era sepulcral.

- Tú debes ser mi barquero.- Dije, mientras hacía amago de subirme al bote.

El barquero no respondió, solo se limitó a extender la mano para hacer efectivo el pago por un viaje que no sabía donde iba a acabar.

Busqué en mis bolsillos, y solo hallé dos monedas plateadas cuya cuña no había visto en mi vida...

La vida...

En esos momentos tuve constáncia de un terrible acontecimiento... yo no estaba viva, y ese no era mi barquero...

Teniendo en cuenta la situación no hice más que lo que hubiera echo cualquier persona en sus cabales, darme la vuelta y echar a correr por donde había venido. Pero la pequeña luz que emitía el farolillo delató mis sospechas, el pasadizo no estaba... había llegado al estigio, y ya no había vuelta atrás.

Sentí por un momento, como el barquero hacía un amago de risa, pero no fue así, el barquero no reía, esperaba paciente con la mano extendida el pago de su viaje.

¿Cuantas veces había recorrido Caronte ese mar?, ¿A donde llevarían esas aguas?¿que me esperaba en mi no vida?, más preguntas inconexas atizaron mi consciencia... pero yo estaba muerta, y eso ya era un hecho, así que decidí pagar mi viaje y dejarme llevar por el barquero allá donde las almas descansan para siempre... o para siempre sufren el castigo divino.
08/03/2005 18:58 #. Tema: Cuentos Hay 3 comentarios.

Tus manos

manos.jpgSonríes.

Yo acabo de despertar, y tu imágen es la primera que veo esta mañana. Tus ojos reflejan cansancio, no has dormido mucho tampoco.
Tus manos se acercan lentamente a mi cabeza, empiezan a jugar con mi pelo, enredas tus dedos en él, y mi cuerpo responde a tu caricia con un escalofrío.
Tu faz se vuelve seria de repente, mientras me miras a los ojos. No hace falta que hables, digo yo con ellos, sé que no nos volveremos a ver.
Me besas suavemente en los labios, mientras tus manos van bajando por mi espalda, noto como tu respiración se agita, y como tu deseo se une al mío. Si fueras el hombre de mi vida, ahora te diría " Te quiero ".

Pero el hombre de mi vida no existe, y esto es solo una fantasía.

Tus manos, que suaves, si fueran reales serían de pianista. Cuidadosas y ágiles.
Tus besos, que dulces, si fueran de verdad serían los mejores besos que recordase en mi vida. Cálidos y amorosos.
Tu voz, que bella, si fuera real, diría que estoy viviendo un sueño. Tan templada y armónica.
Tu sexo, manantial de mi sexo, tan apasionado, si fuera real... Dios, si fuera real.

Me he despertado con el calor de tu cuerpo a mi lado, con la dulzura de tus besos, con la vivacidad de tus manos, con el sonido de tu respiración tras de mí, tan apacible... tan extraña, que cuando he abierto los ojos, me he dado cuenta de la realidad, que tú no estabas.

Y es tan doloroso el recuerdo... tan dificil el olvido, que cuando mi mente se vuelve vulnerable en los brazos de morfeo, vienes a mí como una exalación, y me siento feliz... Pero cuando despierto y me doy cuenta de que tu rostro, tu cuerpo, tu mente, tus sonrisas y tus lágrimas no son para mí, se me rompe el alma en mil pedazos... y solo me queda esperar... y es tan agónica esa espera, que incluso a veces me gustaría que tu vida y la mía nunca se hubieran cruzado... ni en mis sueños.
31/01/2005 12:13 #. Tema: Cuentos Hay 3 comentarios.

Ruhdy

gatito.jpgSe quedó quieta, mirando espectante hacia un punto preciso de la habitación donde estaba. Sus orejillas se movían de adelante hacia atrás, en movimientos rápidos y precisos, como determinado de donde venía el ruido que solo ella escuchaba. Me miró con esos ojos ambarinos, con esos ojos que solo ponía cuando estaba esperando algo.
De repente, un ratoncillo salió de debajo del armario, Ruhdy, en un salto impecable, se abalanzó hacia el roedor y lo atrapó entre sus patitas.

Al poco ya estaba jugando con él, mareándolo, pero a mí me dió pena, así que apartándola del pobre bicho, lo cogí con un guante y me lo llevé a la calle, allí lo dejé, al lado de una alcantarilla.

Miré hacia mi casa, el balcón daba a la calle, y allí estaba ella, con esos ojos inquisitoriales;

- Ese bicho es mío y tú me lo has quitado.- Me decían.

Subí a casa y le puse de comer, cuando había comida, se le olvidaba lo demás, trepaba sobre mi pantalón y se subía al mármol de la cocina, allí esperaba ansiosa su ración diaria.

Ruhdy era una gata inteligente, por las mañanas me venía a despertar, se sumergía entre mis sábanas y jugueteaba con mi pelo hasta lograr un poco de atención, recuerdo que me la ponía encima, y jugaba con ella un rato antes de levantarme.
Todavía recuerdo aquellos días en los que la gata misteriosamente desaparecía del piso, un año después de que empezaran esas extrañas desapariciones, nos dimos cuenta de donde iba.

Vivíamos en un segundo, y detrás de nuestro edifício había un descampado enorme, allí bajaba, por las cañerías y los deshagües del pátio de luces hasta el descampado. Nunca descubrimos como subía, por que nosotras lo veíamos imposible, teniendo en cuenta que desde el muro del patio hasta el suelo del descampado, había dos metros de pared lisa... Mi gata era muy especial.

Pero desgraciadamente, mi madre no opinaba lo mismo, y más de una vez, cada vez que hacíamos algo mal, ella nos amenazaba con abandonar a Ruhdy... con los años me he dado cuenta de cuan crueles pueden ser los adultos...

Hasta que Ruhdy desapareció definitivamente.

Habiamos ido de viaje al pueblo, como no pudimos llevárnosla, por que un primo mío que venía con nosotros era alérgico a los gatos, y el viaje era muy largo, mi madre se la dejó a mis abuelos para que la cuidasen en nuestra ausencia, a la vuelta del pueblo, mi madre fue a buscar a Ruhdy a casa de mis abuelos... pero Ruhdy ya no estaba, mi gata había desaparecido...

Tenía 8 años.

Pese a que no volví a saber de ella, hubo quien me dijo, que de vez en cuando, la veía por el descampado de detrás de mi casa, pero nunca volvió a subir al piso.

Supongo que si escribo esto, es para animar a una amiga, la cual ha perdido a un ser muy importante para ella, y siente su ausencia, no creo que sirva de mucho, tampoco creo que la situación sea la misma, pero el dolor de una niña que pierde a su más preciado tesoro, no debería existir.

Biquiños de Viento
21/01/2005 12:00 #. Tema: Cuentos Hay 2 comentarios.

Noche

fieberbrunn1.jpgSe sentó en el alféizar.

El bosque la llamaba, no sabía por qué pero tenía que ir a dar un paseo en ese mismo instante.
Así que embutiéndose en el abrigo de invierno, y para no despertar a su familia, se dispuso a saltar por la ventana.

Tenía sueño, los párpados le pesaban como plomos atados a sus pestañas, acababa de llorar, y supuso que el escozor procedía de las mismas lágrimas que hacía un momento había secado con la rabia que le proporcionaba su orgullo.

Empezó a caminar por el sendero que conducía al bosque, sus botas de montaña aplastaban las agujas de pino discretamente, sin hacer mucho ruido.

La noche era su compañera, y aunque hacía frío, los años la estaban enseñando que el cansancio también hace sudar.

Poco a poco el bosque fue haciéndose más espeso, ni un resquicio de luz entraba por la copa de los árboles, cada vez más cercanos los unos de los otros, disparándole la adrenalina por saberse sola en un lugar impreciso del inmenso universo que la rodeaba, se dio cuenta que tenía miedo, y eso la hizo caminar más deprisa, pero hacia el fondo del bosque, no se dio la vuelta.

Quería desaparecer de su mundo, buscar un buen sitio donde cobijarse y hacer de él su hogar, quería tener hijos, y un compañero el cual fuese el padre, quería no vivir para trabajar, quería volver a saberse feliz, pero la amargura volvía una y otra vez a invadir sus ojos causándole otro llanto, el llanto de un ser desconsolado sin unos brazos en los que cobijarse.

Después de mucho caminar, volvió a casa. Su padre estaba en la cocina, había heredado de él el insomnio. En la mesa habían dos tazas de cacao con leche todavía humeantes, una de estas la tenía su padre entre las manos, calentándoselas.

Se dio cuenta en aquel momento del frío que tenía, y se sentó al lado de su projenitor.

El no habló, no dijo nada, solo la miraba cariñoso mientras le cedía la otra taza.

Aquel hombre joven, con el pelo totalmente cano y alto y fuerte como un roble estaba esperando las palabras de su hija, palabras que no llegaban por que ella volvía a tener ese nudo en la garganta que no la permitía hablar. Sus ojos empezaron a humedecerse de nuevo, pero en aquel instante, el hombre, puso sus manos sobre aquellos azabaches cristalinos, casi rozando su cara sin llegar a tocarla.

- Nada en el mundo merece el valor de una lágrima tuya.

No pudo contenerse, y mientras su padre la abrazaba, lloró como nunca antes lo había hecho.
20/10/2004 11:09 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Contemplando a Luna

escritor.jpgQuerida Selene:

Te recuerdo.

Ahora, tras los cristales de este enorme ventanal, viendo como nace desde el horizonte nuestro astro, recuerdo los días en los que caminábamos alegremente por la playa, de como nos acogíamos a la noche, y, mientras yo escribía tú componías las notas de nuestras canciones.

Formábamos un buen equipo ¿recuerdas?. Tú te sentabas delante de la chimenea, con aquel jersey azul que tejió mi madre para mí antes de irme a Toledo. Recuerdo que aquel invierno fué muy frío, por que la chimenea no dejó de dar calor durante esos tres meses.

¿Sabes que fueron los tres meses más maravillosos de mi vida?, aunque luego llegaran las ambuláncias a média noche, las carreras al hospital y la radioterápia.
No los cambiaría por nada en este mundo, querida Selene.

Tu risa me acompañaba siempre. Recuerdo que durante una semana tuve que ausentarme, había un simposio de nuevos escritores, donde yo iba a recojer un prémio... no sé donde... la edad no perdona el paso de los años, y mi memória no es la que era entonces.
En esa convención me sentí muy solo, ¿te acuerdas de que te llamaba dos y tres veces al día? ¿y que tú no hacías mas que echarme la bronca por que no te dejaba trabajar?. Qué jóvenes eramos entonces.

La dama negra se llevó tu juventud, y ahora, a mis años, quiero verla cara a cara y preguntarle por qué te llevó tan pronto con ella.

Te hecho de menos.

Y siento como se me lleva poco a poco, aunque no sé si volveré a tu lado. Prefiero soñar contigo, pensar que sí, que tras ese túnel que dicen que se ve, vas a estar esperándome, con tu pelo suelto cayendo en cascada sobre tu espalda, y ese jersey mio que te llevaste.

Sueño que vuelvo a recuperar el vigor de la juventud, que tú estás a mi lado y que hemos tenido los dos hijos que queríamos.
Sueño que yo me he convertido en un escritor de renombre y que tú te has convertido en una de las mejores compositoras del mundo... aunque ya lo eras.

Pero ahora, contemplando a Luna, los sueños se han convertido para mí en el único empuje de mi vida, por que morí hace veinte años, contigo.

Tú me decías que viviera por los dos, lo he hecho, pero no como tú me dijiste. No me he buscado a una mujer que me quiera, por que tu querer era el que yo quería, no he vuelto a escribir desde entonces, por que sin tu música mis letras no son como yo quiero, no he vuelto a encender la chimenea, por que el calor que yo quería no era el de ese fuego, si no el tuyo, jamás volví a escuchar una melodía que tú compusieras, por que sin tus manos al piano, no era lo mismo.

Lo peor de todo, es que nunca he dicho te quiero.

Adiós, Selene, nos veremos pronto... en mis sueños.
30/09/2004 12:05 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Una historia de amor.

Salieron de su casa cogidos de la mano, aquel barrio gris fue el único testigo de aquella relación, se conocieron en un bar, una noche de fiesta en la que ella estaba destruída por dentro, y quería anestesiar su corazón con dosis ingentes de su eterno amante, aquel que nunca le fallaba, el que estaba siempre y nunca le decía "te abandonaré", su amante se llamaba Jack Daniel's... y no estaba nada mal.
El llegó de sopetón, una extraña exalación de un ente poco común, vivaracho, guasón, el cual bajo el grito de CAMARERO, pidió que el amante de la muchacha le fuera infiel durante unas horas, él también quería anestesiar su corazón, pero expresando su desagrabio de otra manera mucho menos melancólica... A LAS PENAS PUÑALÁS, le dijo al camarero mientras engullía de un trago parte del acompañante de aquella mujer, la cual lo miraba entre espectante y algo mosqueada, pues había decidido acabarse ella sola la botella.
- Manolo, ponme otra.- Dijo la mujer al camarero.
- Llevas cinco...
- Tú hazme caso y ponme otra.- Repitió la mujer sonriente.
En esos momentos Manolo se dió cuenta de dos cosas. La primera era que Lucía no tenía conjuntivitis, y la segunda que Lorenzo la estaba mirando y decidió, con la experiencia que da estar detrás de la barra de un bar, y haciendo de celestina por enésima vez en su vida, jugar unas cartas, a ver si Lucía por una vez tenía suerte.
Le sirvió una copa de su preciado líquido aureo, y cuando Lucía sacó el billete lo rechazó.
- Paga él.- Contestó Manolo señalando a Lorenzo.
Por segunda vez Lucía reparó en aquel hombre, era un chico atractivo, alto con mirada nostálgica y voz ronroneante, como un gato.
Sus miradas se cruzaron un instante, el cual Lucía aprovechó para agradecerle la copa levantándola con gesto gentil, Lorenzo respondió con el mismo gesto y se dirigió hacia donde estaba Lucía.
En esos momentos Manolo jugó su as.
- Lorenzo, te presento a Lucía.- Dijo mediando entre los dos sin que ninguno lo invitara.- La chica mas bonita que ha pisado este antro de mierda.- Continuó con voz alegre y vivaracha despistando la atención y consiguiendo un poco más de tiempo para pensar como hacer para que Lucía no descubriese su juego.
- Encantado de conocerte Lucía.- Saludó Lorenzo.- Veo...
Lucía no lo dejó acabar la frase.
- Te estás bebiendo mi botella- Contestó encantadora.- Pero por hoy no te lo tendré en cuenta.- Continuó levantando la copa.- Por el amor.- Brindó cínica al techo y bebió de un sorbo todo el contenido de ésta.
- Que no falte.- Respondió brindando también Lorenzo.- Manolo, pon otra, que a esta in...
- Invita la casa.- Respondió rápido Manolo.- Y yo me pondré otra.- Dijo poniendo otra copa en la barra y llenandolas.- Por un buen comienzo.- Brindó Manolo.
Para nada pensarían nuestros dos personajes, que iban a acabar enamorándose el uno del otro, mucho menos viviendo juntos.
Lucía acabó sumida en un sopor etílico, y Lorenzo se ofreció a llevarla a casa.
Ella vivía cerca del bar, y en un principio se resistió a ser acompañada por Lorenzo, aunque solo tubo que insistirle un poco más, y demostrarle que no podía tenerse en pié para que ella accediese.
Se despidieron en la habitación de ella, después de que Lorenzo tuviese que habrir las dos puertas con Lucía a cuestas, de quitarle la chaqueta y dejarla tumbada en la cama.
Allí Lorenzo se dió cuenta de lo que estaba sufriendo aquella chica.
Restos de cocaína en la mesa del dormitorio, una fotografía rota de dos personas, una de las cuales era la propia Lucía y la otra un hombre... Lorenzo supuso que, como a él, su compañero la había dejado. Era difícil superar una ruptura, más para una mujer que, por lo que pudo averigüar su espíritu de inagotable observador, estaba sola.
La segunda vez que se vieron, Lorenzo fue al bar a verla, no a beber.
Lucía llegó tarde, pasadas las once de la noche. Llevaba unos pantalones tejanos muy ajustados y una blusa hippie que le llegaba a la mitad de los muslos, su complexión delgada y su pelo largo (el mas largo que había visto Lorenzo en su vida), y rojo recojido en una trenza le daban un aspecto de India Sioux que a Lorenzo no le pasó desapercivido.
En un principio Lucía no se percató de la presencia del chico, y fue directamente a la barra a saludar a Manolo.
Fue él quien se dirigió a ella primero.
- ¿ya no te acuerdas de mi?.- Preguntó guasón.
- Anda, Perdona, no te había reconocido.- Contestó, sincera, Lucía.- El otro día me llevaste a casa, lo siento, tuve una mala noche, en realidad no soy así... me conociste en un momento extraño de mi vida.- Concluyó Lucía con la frase favorita de una de sus películas favoritas.
- Edward Northon hizo un papel impecable.- Contestó Lorenzo admitiendo también así que "el club de la lucha" figuraba en su repertorio de películas favoritas.
- A mi también me lo parece.- Aplaudió Lucía.- ¿que quieres beber?, te debo una invitación.
- ¿A mí?, pero si yo no...
- ¿Qué quereis?.- Preguntó Manolo en ese preciso instante.
- Pues para mí una Coca-cola.- Respondió Lucía.
- Yo otra.- Respondió Lorenzo.- También a mi me pillaste en un momento extraño de mi vida.- Confesó en tono confidente a su interlocutora.
Empezaron a reir, a contarse sus vidas, a conocerse al fin y al cabo, y descubrieron el uno del otro muchas más cosas en una noche que con sus respectivas ex parejas en años de noviazgo y convivéncia.
Poco a poco fueron haciéndose amigos, la amistad dió paso a una época de transición entre la oficialidad y el deseo, para luego convertirse en una pareja estable... eso tardó unos años, los suficientes para que ámbos olvidasen sus própias heridas, para dejar al tiempo que cicatrizaran sus respectivos corazones, para darse de nuevo otra oportunidad de amar a alguien y dejarse amar.
15/09/2004 18:16 #. Tema: Cuentos Hay 2 comentarios.

Piano

terre12.jpgUnas notas acompasadas por unas manos diestras en melancolía sonaban en el ático.
Subió al tercer piso, donde la melodía sonaba más cercana y se dispuso a escuchar tras la puerta de la habitación del estudio de su padre. Nadie tocaba el piano como su padre.
Era tarde, la noche se había instalado como por casualidad en ese emisferio de la tierra, la luna lucía redonda y llena a través la ventana del pasillo, colgada allí arriba, en el cielo, como puesta ahí a propósito por un dios venido de más allá de las estrellas. Mientras, el piano emitia las últimas notas del Para Elisa... "para mí"- pensaba ella cada vez que escuchaba esa composición.
Abrió la puerta en un impulso de correr hacia su padre y abrazarlo, cuanto quería ella a aquel hombre... cuantas penalidades habían pasado juntos desde la muerte de su madre...
Y allí estaba él, sentado sobre la banqueta frente a su piano, con su gesto concentrado, serio, imperturbable ante su eterno compañero.
Sus manos, completamente sincronizadas, acariciaban las teclas con un gesto amoroso... por un momento Elisa sintió envidia de esas teclas, como también sintió que el impulso de abrazar a su padre estaba a punto de ser reemplazado por unas lágrimas que amenazaban con salir de sus lacrimales, la congoja empezó a hacerse latente en su garganta, mientras empezaba a temblar luchando por no demostrar signo de debilidad alguno hacia la conmovedora escena que estaba viviendo en esos escasos segundos que duró el final de tan magnífica obra.

-¿Todavía estás despierta?- Estaba tan concentrada en sus pensamientos que ni siquiera se dió cuenta de que su padre había dejado de tocar.
- Si, no puedo dormir.- Contestó ella conteniendo las lágrimas.
- ¿Otra pesadilla?- Preguntó aquel hombre con acento andaluz.
- Si.
- Ven.- Dijo sonriente mientras abría los brazos. La niña no pudo reprimirse más, corrió hacia aquellos brazos protectores y lloró.
Su padre la estrechó fuertemente, alzándola y acurrucándola en su regazo.
- Voy a enseñarte a tocar el piano Elisa.- La informó su padre.- ¿Te parece que hagamos hoy la primera clase?- Preguntó a la niña con el tono mas amoroso que pudo darle.
- Si.- Aplaudió Elisa.
Padre e hija, uno al lado del otro en aquella banqueta, empezaron a tocar como uno solo. Primero el padre hizo que la hija imitara los movimientos de sus manos en una de las escalas del piano, después le explicó paso a paso lo que había echo, ubicándo a la niña en las notas musicales de aquel instrumento.
La luna fue testigo presencial de aquella noche en la que Elisa empezó a aprender a tocar el piano.
22/07/2004 15:13 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Embriagado

soledad(1).jpgJusto en el momento en el que empezaba a pensar que todo había acabado, sintió que una mano se posaba en su hombro. Volvió la vista atrás y solo estaba el vacío de la calle y su profunda soledad.
Intentó ocupar su mente en algo... cualquier cosa servía... cualquier cosa... nada... nada excepto eso.
Aquel sonido loestaba matando, no podía dejar de escucharlo, por más que lo intentase, no podía hacer caso omiso a tal estorbo.
Intentó volver a lo que estaba haciendo... ¿qué estaba haciendo?... NO SE ACORDABA. Pero... ¿Cómo podía ser? No, tenía que acordarse... ¿de que? Nada, absolutamente nada... volvió a intentar recapacitar sobre su cometido. ¿que estaba haciendo en el momento en que pensaba que todo había acabado?
Silencio.
Por fin había cesado aquel molesto sonido, ahora si que podía concentrarse en lo que estaba buscando... un bar... le habían dicho que por ahí había un bar en el que se servían unas copas excelentes...
Con su profunda embriaguez, fue tambaleándose de un lado a otro de la calle sin hacer caso de los insistentes pitidos que hacían los coches para que se apartase...
Otra vez ese ruido ensordecedor... ¿Pero es que no va a parar nunca?- Pensó mientras sus pasos lo llevaron ileso al otro lado de la acera.
Por fin ha parado, espero que no vuelva a empezar.
Sin ningún percance, llegó al bar donde le habían dicho que se servían unas copas exquisitas y con mucho alcohol, que era precisamente lo que necesitaba en esos momentos, alcohol, para no acordarse de nada, como él quería.

-Buueax tardez- Saludó al camarero con su voz alcoholizada.- ¿Ze shirbe?
El camarero miró al mendigo entre divertido y celoso de los trastornos que pudiera ocasionar en su establecimiento. No era un borracho violento, su experiencia juzgó antes que sus posibles prejuicios, aunque, detrás de la barra de un bar, no hay prejuicios que valgan, el cliente es el cliente, y si tiene dinero que beba lo que le apetezca siempre y cuando respete a los demás .
Con ese juicio acelerado, se dirigió hacia el mendigo con la mejor de sus sonrisas.
Janice Joplin se escuchaba de fondo.
-Por supuesto caballero, ¿qué desea tomar?- Preguntó.
-Wicky-Respondió el mendigo sin dejarlo acabar apenas.
-Si señor, ahora mismo se lo sirvo.- El camarero dio media vuelta y se encaró con la primera botella de wisky barato que encontró....
-NO- Protestó el mendigo- Eze no, tengo dinero para pagarme un buen wisky, que no me queme la garganta.-Dijo llevándose la mano al bolsillo del pantalón y sacando un fajo de billetes viejos.

El camarero volvió a dejar la botella de JB y se dirigió a la de Chivas 12 años, la botella más cara del local.
- ¿Esta te sirve?- Preguntó divertido.
- Si, creo que con esa tendré bastante.
El camarero frunció en ceño al ver que el mendigo se hacía con la botella y con el vaso que le había puesto en frente segundos antes.
- Bueno, yo cojo los billetes, no vaya a ser que quedes inconsciente antes de pagarme.
- Tranquilo, tengo labia para rato, todavía no han fabricado alcohol que tumbe a Toni. Por cierto... buena, la chica.- Evaluó, mientras saludaba con el vaso al equipo de música.
- Si, es cierto.- Afirmó el camarero con gesto melancólico.-Así que te llamas Toni.- Confirmó, mas para sí mismo.- Yo soy Juan- Se presentó tendiéndole la mano. El mendigo le devolvió el gesto enérgicamente, cosa que a Juan le agradó sobremanera.
- -Encantado Juan.-Respondió el mendigo acomodándose un poco más en el taburete y sirviéndose la segunda copa que, como la primera, bebió de un trago.- Este wisky está muy bueno- Observó mientras se ponía la tercera y bebía con igual avidez.
- Y bien, Toni, ¿qué te trae por aquí?- Preguntó Juan sin otra intención de entablar una conversación con tal personaje.
- Una mujer, el cabrón de mi ex jefe y mis ganas de beber.-Respondió tajante.
Aquella respuesta dio a entender a Juan más que cualquier conversación de tres horas. Un desgraciado más que había sido despedido de su trabajo, con la consecuéncia del abandono de su mujer acto seguido...interesante... muy interesante, tanto como cualquier otro desgraciado al que le hubiera pasado lo mismo. Con el aliciente de que aquel hombre, o tenía un estómago de acero colado o estaba curado contra-cirrosis.
Pues su barba de dos semanas, su ropa sucia y mal oliente, su aliento a alcohol rancio y su manera de mirar (desconfiada y etílica) le daban un aspecto de auténtico mendigo. De hecho, Juan hubiera jurado ante lo mas sagrado que se trataba de un mendigo de no ser por su toque refinado y distinguido, la forma de sentarse en el taburete, la manera de coger la botella y derramar el líquido en el vaso, su vocabulario, e incluso la elección que había hecho con el wisky. Por no menos preciar, por supuesto, el Rolex de importación que maquillaba su muñeca izquierda.
- El wisky no te ayudará a paliar tu pena- Añadió sin animo de que le contestase.
- Eso ya lo se, pero me ayuda a olvidarla- Respondió sin animo de ser escuchado.- Era un gran hombre de negocios ¿sabes?- Dijo al camarero levantando el vaso y haciendo que miraba a través de él.
- Si hubieses sido un gran hombre de negocios no estarías aquí gastandote el dinero de tu despido en wisky, lo hubieras invertido en otro.- Contestó el camarero mirándolo fijamente.
-Lo hubiera hecho, si, de no ser por ella , no acabó de enterarse de mi despido que acto seguido pidió el divorcio, quedándose con la mitad de mis bienes, incluido el dinero...- Respondió llevándose otra copa a los lavios.
- Lo que tardan en destrozarte la vida es una décima parte de lo que tardan en alegrártela.- Reflexionó.
- Efectivamente.- Respondió apurando el último sorvo.-En fin, me voy, ya he apurado bastante tu tiempo.
El mendigo se levantó de su asiento con gesto lánguido y desganado, hizo un gesto de coger el dinero de su bolsillo.
- No hace falta, ya me has pagado.-Dijo el camarero.
- Ah, no me acordaba- Respondió.- Hasta otro día, Volveré.
- Eso no me cabe la menor duda, pero la próxima vez espero verte mejor, que no llueve eternamente.
El mendigo atravesó el umbral del Bar, quedándose con la sensación de que ya había sentido aquella frase en algún sitio... no se acordaba donde ni cuando, pero aquella frase le sirvió como un resorte, como una máxima que álguien le había enseñado, pero no sabía ubicarla.
Tres meses después y habiendo vuelto a una vida normal regresó de nuevo al bar donde había vuelto a recuperar su vida, preguntó por Juan, el camarero. Le atendió una chica muy guapa la cual le dijo que no había ningun camarero llamado Juan en ese bar.
Toni se quedó mirando a la chica durante largo rato, entre intrigado y fascinado. Lo que tardan en desgraciarte la vida es una décima parte de lo que tardan en alegrártela... pero cuando te la alegran...
- Perdona, se que resulta muy atrevido, pero... ¿tienes algo que hacer esta noche?

Fecha de redacción 03/05/02
21/06/2004 15:26 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Muñeca

037f1.jpgMe está mirando- Pensó.- No puede ser.
Sacó de su pitillera un cigarrillo y empezó a fumar con avidez, su mente divagó durante un momento en las dos últimas semanas, en lo que le había ocurrido durante ese período de tiempo y advirtió que, fuese donde fuese, estuviera donde estuviese, aquella imagen la perseguía.
Aquella imagen, donde la habría visto antes...
Un guardia del museo la sacó de su ensimismamiento.
-Disculpe señorita, pero no se puede fumar en esta sala.- Dijo en tono casi mecánico.
- Lo siento, no me había dado cuenta.- Se disculpó apagando el cigarro en uno de los ceniceros... ¿ceniceros? pero no me habían dicho que no se podia fumar... aquello la exasperó aún más, así que haciendo caso omiso al bochornoso suceso, decidió retomar la visión del cuadro que tanto la atraía.
Lo cierto es que el cuadro no era nada del otro mundo, la imagen de una muñeca de porcelana sentada en un taburete, pero había algo en aquella expresión que la ponía nerviosa a la vez que le producía un morbo especial..., decidió estudiar la pintura con más precisión, primero escojería los tonos dulces, la cara, la forma del vestido y ampliaría su visión hasta abarcar todo el cuadro.
La muñeca iba vestida con un vestido de seda azul pastel largo hasta los pies y ceñido en la cintura por un lazo del mismo color, el cuello de encaje blanco hacía juego con las mangas, los calcetines, y la pequeña diadema que le recojía el pelo, negro y rizado, que a su vez daba a su rostro un aspecto más palido aún del que tenía ya de por si.
Su rostro, tan inocente... recapacitó en su último pensamiento, ¿inocente?, no, de inocente no tenía nada, era su rostro lo que la ponía nerviosa, aquellos ojos verdes, medio undidos por el peso de unas cejas endemoniadas, de labios pequeños y carnosos que a la vez de sensuales crispaban su mirada bajo una casi imperceptible sonrisa maléfica, aquellas pequeñas orejas que salían de entre su cabello, un tanto desproporcionadas en relación con el resto de su pequeño rostro, y aquellas manos, las manitas pequeñas de esa muñeca, puestas con las palmas hacia fuera, como invitando a nuestra protagonista a entrar en el cuadro... el autor de la obra había pintado un demonio.
No quiso darse cuenta de que ya estaba metida en el cuadro, justo al lado de la muñeca, entre la sillita que la sostenía y aquella pared oscura y sucia. La oscuridad al rededor de la niña se hacía palpable, como buscando una víctima para sumirla dentro del terror que el cuadro inspiraba.
Volvió a undir su mirada en la de la muñeca, esta vez no pudo reprimir el sudor que le estaba provocando el verla, quiso irse, quiso largarse de allí y olvidarse de esa muñeca... pero no podía, por mas que intentase desviar la mirada a otro lugar, a otro cuadro, no podía.
De repente el siléncio se hizo palpable en el museo... pero... ya no estaba en el museo. Estaba en un lugar oscuro, solo iluminado por una luz de la que no podía hubicar su procedéncia, y la cual solo iluminaba los ojos de la muñeca.
Parecía como si empezara a cobrar vida, le pareció que sus ojos le decían algo, pero no podía saber qué... su respiración se hizo cada vez más entrecortada a la vez que veía como la visión de la niña se hacía cada vez más grande y su rostro empezaba a tomar su verdadera forma.
Pensamientos, que venían a su mente sin que ella los provocase, ¿que quiere decir?, no podía salir de allí... no podía...
Un sonido la hizo despertar. Era el reloj, marcaban las siete y media de la mañana, había tendio una pesadilla... Se levantó de la cama medio aturdida, como si le hubiesen pegado un golpe en la cabeza, le dolía... sintió por un momento un mareo que la hizo tambalearse, se metió en la ducha con la esperanza de que el agua le refrescara un poco los pensamientos, se vistió, desayunó un poco, y se fué al trabajo, hoy tenía que llevar a los niños de los que ella era profesora a ver una exposición de cuadros de muñecas de porcelana al museo...
21/06/2004 08:58 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

De un viaje sin retorno

Yo también quiero.
Esa fue la frase de su perdición, ahora sentado en mi lecho de muerte, en vez de sentirme en paz conmigo mismo, me come la conciencia. Nunca creí que la dama negra me viniera a buscar con tanto rencor en su corazón, la entiendo. Yo también hubiera tratado así a quien por una vez le quitó el trabajo.
Ahora, acostado aquí sin poder hacer nada por evitarlo, pues el cerébro es lo único que me queda para darme cuenta de que sigo vivo, pienso en esos momentos en los que pasé con ella. En la consumición de su cuerpo y su mente por mi culpa. Nunca debí enseñarle los malos caminos de la vida. Pero yo era joven entonces y la verdad, me daba lo mismo ser así o de otra manera. Simplemente vivía el momento sin pensar en las consecuéncias. Consecuéncias las cuales daría lo que me queda de vida para poder haberlas evitado. Ahora ya es demasiado tarde.
Estabamos en la fiesta de su cumpleaños, ella cumplía diecinueve y yo ya tenía veintitrés, habíamos decidido hacerle una fiesta en un local que alquilamos, era la más joven del grupo, y aunque no era guapa, tenía un halo de misterio irresistible, era de esas mujeres que te atrapaba en su mundo y no te dejaba salir. Aunque me hubiera gustado quedarme en él, y sabía que esa chica estaba enamorada de mí, me resistí a la tentación. Demasiado inexperta, demasiado inocente, demasiado buena. No podía ser para mí.
Un colega sacó un gramo de cocaína que había comprado para la ocasión. Ella no se metía, así que tampoco le preguntamos. Pero ese día quiso provarla.
Hicimos una más, por una vez no pasaba nada, además ella era consciente de lo que hacía, ¿por qué no?. La fiesta duró hasta pasadas las nueve de la mañana, todos estabamos muy mal cuando llegamos a casa... es lo que pasa en las fiestas de cumpleaños, bebes, estas con los colegas, te lo montas de puta madre para que todo vaya muy bien.
Pasaron los meses, y ella seguía nuestro ritmo infatigable de fiestas y desmadres, se quería convertir en uno más, era normal, era nuestra amiga... hasta que nos superó.
Un día me dijo que quería provar el caballo, y me preguntó si yo lo había provado. Le dije que si, pero involuntariamente, una vez me invitaron y yo pensaba que era cocaína. No lo era. Lo pasé muy mal durante una semana, Mi cuerpo no era mío.
Le dije que yo no quería meterme esa mierda nunca más, y le aconsejé que ella tampoco lo hiciera, y si lo hacía que fuera con una persona "responsable". Yo fuy el resorte, y ella pasó a la acción.
No se como fue su primera experiencia con el caballo, tampoco se lo pregunté ni ella me dijo cuando lo provó, pero yo lo sabía, cada día iba demacrándose un poco más, hasta que llegó el momento.
Una noche cualquiera, era invierno, eso si lo recuerdo. Acabamos como siempre en el bar de los nuestros, donde nos juntabamos todo el grupo cuando no había contacto telefónico, ella llegó con la cara empapada en sudor, diciendo que tenía mucho calor, no era normal, hasta dentro del bar hacía frio.
Le pregunté si estaba bien, ella me dijo que si, que solo necesitaba "algo" para ponerse "a tono". Le miré interrogativo, pensando en que era ese algo, a que se refería. Le dije que la invitaba a una cerveza, ella se negó. Prefiero "otra" cosa. Y fue al servicio.
Pasó un cuarto de hora y ella no salía, fuy hacia la puerta y piqué, nadie respondió, empecé a gritarle, ¿estás bien?, oye, contesta.
Mi última frase fue Voy a tirar la puerta como no abras. No abrió. Entre dos amigos y yo, conseguimos abrir la puerta.
Ella estaba tirada en el suelo con la cabeza sangrando por un golpe que se había pegado al caer al suelo, inconsciente, con una goma en el brazo y una jeringuilla vacía a su lado...
El entierro fue a los dos días, su madre nos dijo que no quería saber nada de lo que había pasado, que eramos los culpables de la muerte de su hija, que nosotros la habíamos llevado hasta eso.
La versión de alguien a quien conocí un poco antes de que ella muriera, fue más drástica aún.
"Vosotros no habeis hecho nada, fue ella la que eligió el camino", creo que esa frase resonará en mi mente hasta que muera, esa frase fue la que me hizo saber, que si ella no me hubiera conocido, estaría viva, a lo mejor siendo una mujer de cuarenta y pocos años saludable y hermosa, teniendo todavía ese halo de misterio que me enamoró, aunque me di cuenta de ello demasiado tarde.
15/06/2004 11:55 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Camino de Vuelta

No pude evitar la tentación de subirme al tejado.
Había llegado de noche, mi coche se había estropeado en una carretera perdida. El motor no hacía más que hechar humo.
Decidí que como mi teléfono no tenía cobertura tenía que salir de allí como fuese. El calor de las tres de la tarde era insoportable. Agosto, mal més para perderme por el mundo, pero las aventuras son las aventuras, así que cogí mi mochila y me encaminé por la senda que hacía bien poco había destrozado los bajos y dos ruedas de mi pobre medio de transporte.
Anduve por la senda un par de horas, no podía respirar y el calor estaba abrasando mis pulmones, un poco de sombra me aliviaría ese estado de extenuación que sentía. El bosque me daría el cobijo que necesitaba, así que sin pensarmelo dos veces subí hacia los árboles que se encontraban a la izquierda del camino y me refugié entre sus ramas.
Poco a poco la luz iba apagándose, lorenzo había cumplido con su horario lavoral y no le importaba que una persona de ciudad estuviera perdida no se sabe donde con poca agua y aún menos comida... encendí la linterna en cuanto ya no quedaba ni un resquicio de luz en el horizonte, que por otra parte no vi.
El bosque se hizo muy oscuro a eso de las ocho de la noche, si, siendo agosto no era nada normal, pero también había que tener en cuenta el factor ramas... Cuando el bosque es muy espeso, la luz no entra me dijo un día mi abuelo... cuanta razón tenía.
Poco a poco fuy perdiendo el sentido de la orientación. Al rato ya no sabía donde estaba el camino, ni hacia donde me dirigía, pero el miedo era más fuerte que la razón, ya que los sonidos nocturno estaban empezando a despertar y no estaba acostumbrada a tal concierto de roces de ramas, aullidos, el ulular de los buhos e incluso algún que otro animalillo haciendo el ganso por donde yo me movía, así que apreté el paso lo que me permitió el terreno y la poca luz que desprendía la linterna.
El bosque se hacía cada vez más espeso. Estaba subiendo, por que pese al cansancio notaba la cuesta que se empinaba delante mío. No puedo describir nada de lo que vi, por que realmente no le prestaba atención nada más que a los sonidos y a que mis músculos no me fallasen en tan ardua empresa. Debí haberme quedado en el coche, pensé. Pero ya era demasiado tarde para volver. Además estaba perdida.
La Luna salió por un resquicio de la espesura de las ramas e iluminó un poco tan oscuro paisaje, me alegró tenerla de compañía. Me calentó el corazón y dio poder a mis músculos, e incluso me atreví a apagar la linterna y disfrutar del paisaje. Estaba perdida, así que... ¿que importaba?, nadie me esperaba en ninguna parte, nadie daría cuentas de mi ausencia hasta quince días después.
Poco a poco el camino se hizo más practicable, la cuesta se había combertido en una explanada y al fondo me pareció distinguir la silueta de lo que parecía un refugio. Aspiré hondo y seguí hasta él.
Mi aventura por el bosque había acabado, por fin estaba en un sitio cobijado y podría dormir, al día siguiente pensaría que hacer.
Pero mi júbilo se convirtió en desidia cuando descubrí que el refugio no era tal, si no una casucha desvencijada que hacía que no se utilizaba muchos años. Las paredes y el tejado estaban intactos... con eso quiero decir que se mantenían en pie, pero la puerta estaba destrozada y a dentro no había nada más que viejos muebles rotos y una chimenea que por el ollín que había dentro, no tiraba.
Así que hice de tripas corazón y me monté un pequeño camastro donde poder descansar con lo poco que tenía en la mochila y las cuatro maderas decentes que encontré.
Algo me distrajo en mi trabajo, una luz empezaba a entrar en la casa. Con el pavor que precede al pensamiento de que algo no anda bien, me giré hacia la dirección del foco de luz. Mi corazón se relajó bastante al ver que no era más que mi compañera haciendose hueco por un agujero del techo.
No pude evitar subir al tejado para estar con ella un rato y darle las grácias por su compañía y su luz. Salí hacia el exterior de la casa buscando algún sitio donde asirme para subir. Lo encontré en la parte de atrás de la casa. Uno huequecillos pequeñitos pero lo suficientemente buenos como para poder meter manos y pies. Así que empecé mi ascensión hacia las estrellas, me senté encima del tejado de la casa y me aseguré de que estubiera bien para no tener ningún otro susto. Cuando ya me hube asegurado, me tumbé y enlacé los dedos de mis dos manos detrás de la nuca.
El cielo era un manto de estrellas con la Luna en su centro, se veían todas las constelaciones visibles en este lado del emisferio, busqué con ardor el camino de Santiago, el haz de luz que me indicaría donde está el norte. Lo encontré. Mi sentido de la orientación se puso en marcha de inmediato indicándome hacia donde tenía que dirigirme al día siguiente.
Un sonido eléctrico me indicó que mi móbil por fin había cogido cobertura, así que ya sabía dónde ir para llamar a los equipos de socorro... Por la mañana. Esa noche hice el amor con las estrellas.
15/06/2004 11:54 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

El sonido del Siléncio

saxofon.jpgLo primero que recuerdo en mi vida es un terrible estallido, esa fue la última vez que escucharía algo en mi vida, tenía seis años.
El atentado se produjo frente a mi casa, la explosión de los cuarteles de la Guardia Civil, reconocído por ETA. Recuerdo haber salido de casa para ir a comprar el pan. Cuando desperté en el hospital, recuerdo estar rodeada de médicos y enfermeras moviendo la boca sin emitir sonido alguno. Estaba sorda.
Mi mundo se redujo al siléncio. Un siléncio intolerable, casi envuelto en la locúra lúcida de que núnca más iba a escuchar algo, los primeros años fueron un tormento, no escuchaba el sonido de la voz de mi madre, cuando me hablaba, no podía hacerme a la idea de lo que decían los personajes de los dibujos animados que tánto me hacían reir cuando todavía podía oirlos. No había música en mi vida.
Mi ilusión tan solo consistía en hacerme la voz dentro de mi pequeña mente, leía avidamente lo que se me ponía en las manos, lecturas de todo tipo, de todas clases, quería sentír las mentes de los demás tintadas en los papeles que componían los libros. En el colegio todo fué de mal en peor, pese a mis notas, no tenía sensibilidad espacial, lo que me vetaba bastante a la hora de sentir las explicaciones de los profesores. Poco a poco pude llegar a percibir lo que decían "escuchando" sus labios.
Diez años después de aquel terrible suceso, después de haber pasado mil y un calvarios y habiendo aprendido un lenguaje compuesto por signos manuales con los que me podía comunicar más fácilmente con los que se habían preocupado en aprenderlo debido a mi incapacidad, un amigo mío me regaló un saxofón. Creí que se reía de mí.
Toca, me dijo, y ya me dirás.
Durante cinco años más, y después de haberle negado la palabra debido a aquel insulto, sentí curiosidad por ese instrumento. No sabía como era la música. No recordaba ni una sola nota en mi mente. Cojí el instrumento, con dedos temblorosos y más inclinada a deshecharlo que a tocarlo. Pero algo me dijo que debía probar.
Una lágrima amorosa y tranquila afloró en mis ojos cuando el "sonido" del saxofón penetró en mi cuerpo como una vibración vacía, lejana, pero perceptible.
Habían otras maneras de escuchar, y ya me habían dado las claves para hacerlo. Poco a poco mi sentido del tacto fue haciéndose más sensible. Podía percibir la voz de una persona poniendo mi mano en su pecho. Podía sentir el sonido del saxofón a través de mis labios.
Incluso podía interpretar las partituras con un poco de estudio y algo más de dedicación que la habitual.
A partir de entonces, me dediqué exclusivamente a hacer de mi cuerpo un procesador de sonidos, llegando al punto de percibir la presencia de alguien a mi espalda, o de saber que me estaban hablando a través de las vibraciones del espacio.

Me dí cuenta de que el mundo no puede pasar desapercibido a los ojos y el tacto del que no oye.
15/06/2004 11:41 #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Mary anne

Angel,WeepingI.jpgEl aroma a rosas inundaba su estáncia. Mary Anne, había nacido en el seno de una familia acomodada. Su hermana, Joshephine, un poco mayor que ella, apareció por el umbral de su puerta, la silla en la que se movía chirriaba tanto que la despertó de su sueño.
Su vida era tranquila, las fiestas de su padre la obligaban, cada vez más, a aplicarse más en sus estudios de música, para competir con Amadeus, su primo. Ellos dos eran los conciertistas principales en tantas fiestas, Amadeus tocaba el piano como los ángeles, ella sabía que por mucho que intentase igualarlo con su instrumento no podría, Amadeus era un génio.
Las noches se hacían largas y tediosas, miraba por su ventana viendo los edificios Vienenses, deseando que alguien viniera a rescatarla de su prisión que era su vida, el corazón encogido y las lágrimas de rabia eran sus eternos compañeros en sus noches de vigilia.
Joshephine, entró en la habitación, ella despertó... o hizo que se despertaba al escuchar el tragineo de su hermana. Mary, quiero dar un paseo, le dijo su hermana nada más verla abrir los ojos. Josephine era menuda, rúbia y con cara de querubín, tenía dieciséis años y a veces la mirada de esta se clavaban en los ojos de Mary con una luz extraña, llegando a darle miedo. Su parálisis fue el producto de una mal formación cuando ella todavía estaba en el vientre de su madre. La cual murió cuando nació Jossye, como solían llamarla. Por ello Mary anne hacía las veces de madre, con tan solo cuatro años más que su hermana.
Mary se desperezó y se puso su bata, fue al baño y se aseó, poniendose su vestido de los días en los que iba a acompañar a su hermana de paseo.
Desayunó y empujó la silla de su hermana en dirección a la puerta de salida.
Uno de los mayordomos la ayudó a bajar a su hermana hasta el camino que conducía a los jardines, e incluso se ofreció para llevar la silla de Joshephíne, algo que ella misma se ocupó en negar.
El camino de las dos fue tedioso, más por Mary, que era obligada constantemente por su hermana a llevarla de paseo por las cuestas de los terrenos de su padre. Joshephine cantaba alegre, en su falda descansaba el cuerpo de un violín.
El jardín era enorme, el olor a rosas y azahar, flores de jazmin, jeráneos y madreselvas embriagaba el ambiente y hacía que el corazón de Mary se hinchara de gozo al ver revolotear a los insectos entre el abanico de colores que ofrecían las flores, pero a Josephine le gustaba siempre ir al mismo sitio, la fuente del angel.
Un pequeño lago hecho de piedra era el depositario de aquella estátua que a Mary le daba miedo, por su mirada caótica, como mirando por encima del hombro y desafiante a todo aquel que osara acercarse, dando una sensación de oscuridad constante debido a las enredaderas que en la fuente se posaban. El sonido del agua aplacó un poco los sentimientos de Mary anne.
Toca Mary, toca el violín. Le dijo su Jossye de repente, deseando como cada domingo que el concierto de violín ofrecido por su hermana fuera solo para ella.
Mary ane no se lo pensó un momento, la melodía del violín la ayudaría a pasar aquel tédio dejándose llevar por la música que sus propios dedos producirían. El sonido que desprendía ese violín provocado por las manos de Mary anne, provocó un siléncio próximo a la muerte, en un momento el canto del agua y el zumbido de los insectos pararon, solo se escuchaba la voz lacrimosa y desgarrada del violín y un llanto imperceptible a los oidos humanos.
Pasó la mañana y la tarde, llegó la noche y durante todo el día sintió una sombra tras de sí, como si un angel bendito la protegiera, muy al contrario de sentir ese pánico irracional que sentimos cuando notamos que se nos acecha, Mary anne encontraba en esa sensación un atisvo de alivio.
Subió a su alcoba, destrozada por dentro y por fuera, se sentía una criada más, una mujer de la servidumbre dedicada a hacer la vida de su hermana más fácil, sus lágrimas asolaban en sus ojos como espadas punzantes, dolorosas que se clababan directamente en su corazón.

Abrió la ventana, más por el instinto de sentir una brizna del gélido aire de invierno, que le recordase que estaba viva, que por otra cosa.
Se sorprendió al ver el violín fuera de su sitio, encima de la repisa con una rosa y una nota encima.
La nota rezaba " Toca para mí ". Mary anne frunció el ceño, aquella letra no correspondía con ninguna que hubiera visto antes, parecía muy antigüa, casi irreal.
Aunque no se lo pensó mucho y decidió tocar una melodía tríste, como su corazón, pero sus dedos empezaron a acariciar el violín transportando a su corazón a un paraíso donde la tranquilidad y el sosiego anunciaron que no estaba dispuesta a desgarrar otra vez esas cuerdas con su melancolía.
Se dirigió a la ventana, y cerrando los ojos, dejándose acunar por la luna, empezó a tocar.
La melodía del violin era desgarrada, rota, como un espejo que se cae y miles de millones de pedazos reflejan una sola imágen.
De repente la claridad de la luna se hizo fría, oscura, la visión de ese ser hizo que Mary Anne dejara de tocar para refugiarse en un rincón de la habitación. Pero no tuvo tiempo.
El ser se introdujo por el marco de su ventana, atravesó la habitación como un rayo y cogió a la chica de los hombros arrinconándola contra la pared. Mary anne pudo ver, para su horror, como el rostro de ese hombre se transformaba en el de una criatura horrible. No pudo evitar sentir una arcada de repulsión al ver sus manos posadas encima de ella, aquellas manos viscosas y lacerantes, tan horribles como el rostro, sin cuencas en los ojos y sin labio superior, dejaba ver unos colmillos exajeradamente granes. Mary anne sintió miedo, pese a él, su instinto de supervivencia la instó a luchar por su vida, intentó zafarse del abrazo de aquel ser en vano, intentó patear sus partes púdicas, pero al contrario de lo que se imaginaba, aquel bastardo no se conminó y siguió forzándola hasta quedar Mary anne al amparo de su destino.
Su mano bajó lentamente hacia el pecho de la chica, sintiendo ella como el horrible sucedaneo de persona estrujaba uno de sus pechos con tanta fuerza que Mary anne ahogó un grito de dolor entre la otra mano, que ahora tapaba su boca e intentó morder también en vano.
El dolor se hacía cada vez más punzante, más agudo, sintió la sangre escapar de su pecho, como si le hubieran habierto una herida enorme, por un momento, justo antes de llegar al estado de semi-inconsciencia que antecede a la muerte, sintió incluso como su corazón era estrujado por la mano de aquel monstruo.
De repente una mano deshizo el abrazo al cual estaba sometida, en su estado pudo distinguir una figura humana, unos ojos verdes y enormes miraban a ese hombre con el odio que se tiene a quien ha matado a un padre, sin articular palabra, la nueva imagen, un angel, pensó Mary Anne, desenvainó una espada, y de dos golpes certeros hizo que la cabeza del monstruo se desprendiese de su cuerpo.
El resto pasó como un sueño.
Mary anne, dolida por su herida, no podía moverse, aquella figura se arrodilló frente a ella, y le dió la vuelta para ver su cara. Era una mujer, morena con unos ojos enormes y verdes, su belleza era inhumana, su gracia, felina, y su voz... su voz era música.
La levantó como quien levanta algo muy valioso para sí, con la dulzura y la delicadeza de una madre, la llevó asta su cama. Allí Mary anne pudo ver por primera vez toda la magnificencia de aquella mujer que por segunda vez le hablaba, pero esta vez podía escucharla.
Solo le escuchó decir una sola palabra. Perdóname.
Acto seguido le mordió. Bebió un poco de su sangre, y después, para sorpresa de la misma Mary anne, ella se hizo un corte en su muñeca y la obligó a beber.
Mary anne, se sintió fortalecida, y para su sorpresa, la herida de su pecho se cerró.
Me llamo Dominique, su acento era ligeramente francés. Ahora eres mi sierva, tendrás que venir conmigo, pues aqui ya no puedes quedarte. Ahora formas parte de un grupo de sub-vampiros, eres un Goul, he tenido que hacerte esto pues de lo contrario hubieras muerto, y eso no nos lo podemos permitir ¿Verdad Danielle?, preguntó a una esquina de la habitación.
De la esquina salió un hombre, no tendría más que dos años más que Mary anne, de ser humano. Su porte era altivo pero agradable, sus movimientos eran graciles y su manera de mirar, turbadora. Acercandose a las dos, cogió el violin de donde estaba, tirado y roto en el suelo, y se acercó con él a Mary Anne.
No, no podemos permitirnoslo, Se agachó hacia donde estaba Mary, con sus manos marmóleas acercó su barbilla hacia su boca, y la besó dulcemente, casi rozándole los labios sin llegar a tocarlos del todo.
Mary anne, aunque recién curada, todavía estaba devil, a penas podía moverse. Danielle se hacercó a su armario y buscó un vestido. Después de un rato buscandolo, mientras Dominique le explicaba cosas extrañas a cerca de la vida de lo que ella llamaba un vamprio, volvió Danielle con uno de los vestidos más hermosos que ella tenía, aquel que utilizaba siempre en los conciertos para las fiestas de su padre.
El mismo la ayudó a ponerselo, desnudándola con sus delicadas manos de satén, acariciando su cuerpo sin llegar a sobrepasarse, y poniendole el vestido con la delicadeza de quien cuida a las flores.
Cuando ya todo estubo listo, salieron por la ventana, primero Dominique, luego Danielle, que ayudó a salir a Mary anne. Las manos de Danielle la cogieron muy fuerte por la cintura, pero solo lo justo como para que ella no se tropezase.
Salieron de las propiedades de su padre a paso ligero, Danielle siempre iba al lado suyo cogiéndola de la cintura para que no se callera, su debilidad era máxima en aquel momento, rallando la inconsciencia.
A las afueras estaba esperándoles un carro, sin ventanas a los lados y con un cochero vestido totalmente de negro, entraron en él. Dominique se sentó a un lado, y Danielle, después de ayudar a Mary anne a sentarse, se sentó al lado de ésta rodeandola con sus brazos. En aquellos momentos Mary Anne se quedó dormida, cansada, lacerada y asustada, sucumbió a los brazos de morfeo, en la misma medida que Danielle la arropaba entre los suyos.

Danielle miró a Dominique, acariciando el cabello de Mary anne, su rostro denotaba preocupación y preguntas.

No puedo hacerlo Danielle, no puedo volver a hacerlo. Le dijo Dominique.

Pero si tú no puedes convertirla como hiciste conmigo, entonces...

Puedes hacerlo tú, sabes todo lo que debes saber a cerca de los vampiros, tus enseñanzas han sido productivas, e incluso me he encargado de que sepas defenderte con la espada de la misma manera que yo sé. Tus pinturas son extraordinarias e incluso, por circunstancias ajenas a nosotros, he logrado que tu amor se fije en tí. ¿Que más quieres?, no puedo convertirla, ya tengo dos chiquillos y si el principe se entera caerá su furia sobre mí. Eso significa que también caería sobre tí y Monique, no puedo Danielle, si quieres convertirla hazlo tú.
Danielle miró a Mary anne, todavía dormida en su regazo, su rostro estába pálido y su respiración era irregular. No puedo hacerlo, decidió, no, mientras ella no me diga lo contrario. La llevaremos con nosotros, le dijo a Dominique mirandola directamente a los ojos, Será nuestra guardiana de día, y cuando ella me diga que desea ser convertida, la convertiré.
Los días pasaban ajenos al tiempo, Mary Anne practicaba fervientemente con su violín, mientras Danielle pintaba cuadros con su rostro como protagonísta único de la escena que plasmaba en el lienzo.
Incluso cuando ella no tocaba, y veía que Danielle pintaba, no podía evitar el deseo de cojer el violín y acompañar la escena con música de Brahms.
Su amor por él crecía a la par que se alimentaba con su sangre, aquellos momentos eran los más maravillosos que pasaban juntos.
Cuando él, recien levantado iba a su habitación y se tumbaba a su lado, y mientras ella se hacía la dormida, él le acariciaba el rostro con pétalos de rosa y flores de jazmin.
Ella se desperezaba y lo miraba, aquella mirada perturvadora que se perdía en su mente, como buscando dentro de ella un deseo escondido, ella lo miraba también, le gustaba esa sensación, percibía más notas en su mirada que en cualquier partitura.
Muchas noches, Danielle las pasaba tumbado en su cama, contemplandola despierta o dormida, pensando en quien sabe que, mientras ella se acercaba más a sus instintos más primarios. Mary Anne deseaba a aquel vampiro.
Pasaron dos años en los que felizmente para los dos, tuvieron que separarse de Dominique, la infatigable guerrera, en su interminable cruzada personal contra los malditos Tzismize, los Sabbat, la secta maldita de los vampiros, la llaga de corrupción para la mascarada. Aquellos que un día mataron a su padre.
Paseaban juntos por la ciudad nocturna, escondiendose en los recovecos más siniestros para pasar desapercibidos a los ojos del mundo, a veces Danielle tenía que alimentarse, nunca lo hacía en presencia de Mary Anne, aunque ella sabía el dolor que corria por las venas de Danielle cada vez que tenía que hacer eso.
Sus devaneos nocturnos fueron callendo cada vez más en sus propios placeres, tocar el violín mientras Danielle pintaba, Buscarse entre las esquinas de la casa y sorprenderse el uno al otro, contemplar la belleza de la luna abrazados en la cama de Mary anne.
Una noche, Danielle apareció como tantas veces en su habitación, estaba llorando, sus lágrimas rojas manchaban su rostro marmóleo, Mary Anne se sentó en la cama, y Danielle se dirigió a su altura, se sentó al lado de ella, y como una vez sucedió, Danielle se acurrucó en su regazo, aquella vez había sido ella quien lo hizo.
Necesito que estes conmigo Mary Anne, necesito saber lo que tu piensas, necesito de tí, quiero que me sigas en mi noche, no quiero ver como vas marchitándote mientras yo me conservo como soy durante la eternidad, no soportaría verte morir. Quiero que seas como yo, siendo eternamente amantes.
Un frío helado atravesó el corazón de Mary Anne cuando escuchó de su amado tales palabras, ella deseaba estar cerca de él siempre, pero nunca había contemplado la eternidad de Danielle junto con su propia mortalidad. Deseó hacer feliz a su amado, concederle aquel privilegio. Pero con una condición.

Quiero ver un último amanecer, escuchó Danielle, y su corazón, aunque muerto, se sintió resucitar, una alegría nueva y distinta asoló a todo su cuerpo convirtiendolo por un momento en un ser celestial para los ojos que lo miraban, para los ojos de Mary Anne.
En ese momento, la cogió por la cintura, y la besó, tan ávidamente como quien se sugeta a una tabla en un naufrágio, el calor de sus labios lo hizo reprimirse al deseo de morderlos y succionar de ellos la eséncia vital de su amada, La levantó en volandas y como un rayo se la llevó a una colina, donde los amaneceres nacían hermosos a los ojos humanos, quedó con ella en una hermita cercana allí, donde la luz no traspasaba nunca, aún en los días más luminosos, cuando estuviera lista, él la estaría esperando.

Mary anne se despidió de su amado deseando que aquel amanecer fuese el más hermoso para después ir a buscarlo, se dirigió a la zona más alta de la colina, donde los pasos humanos no alcanzaban a llegar, pero ella se sentía más fuerte y diestra, sus zapatos empezaban a molestarla en el ascenso, así que se los quitó, camino descalza sobre el cesped de la colina, ya estaba amaneciendo, los colores del alba empezaban a despuntar por el horizonte.
Sus ojos admiraron aquel espectáculo como una niña que ve por primera vez un colúmpio. Se sentó sobre la tierra y cruzó sus brazos entre sus piernas, suplicó al mundo que aquel momento no se acabara, cuando vio el primer rayo de sol despuntar por el horizonte, los colores se empezaron a hacer más vívidos, más nitido el contorno de las casas bajas de Viena. Aquel amanecer, lo recordaría durante toda su existéncia como el más rápido que nunca vió.
Se levantó de repente, como acordándose que tenía que hacer algo, se dirigió hacia donde ella creía que estaba la hermita... no pudo encontrarla a simple vista, aunque, bajando un pequeño camino, casi intransitable, vio una construcción muy vieja. Se dirigió allí con paso seguro, impaciente. La puerta de la hermita estaba cerrada, no había ni un resquicio de luz en su interior, los porticos estaban cerrados a cal y canto. Empujó la puerta hasta que los goznes chirriaron, y pudo pasar sin problemas.
Una oscuridad total atenazó su visión, en el silencio y la oscuridad de la hermita solo un olor despuntaba sobre todas las sensaciones, un olor que le recordaba a su amado... rosas.
Un brazo fuerte la atrajo hacia si, por la espalda, cogiéndola con el deseo de los amantes, por la cintura y algo más abajo. Besando su cuello tan lentamente que Mary anne experimentó un extraño sopor a la vez que un placer inconmensurable. Ella se dio la vuelta y empezó a besar a Danielle comedidamente en los labios, deseando abrazarlo y tocarlo, deseando llegar al placer entre ellos, Danielle la cogió en volandas y se la llevó a una esquina de la hermita, donde había para su sorpresa un pequeño jergón, donde cabían dos personas perfectamente.
Susurrándole al oido, Danielle le dijo que quería escucharselo decir, una vez, solo una vez y él la convertiría.
A Mary Anne se le dibujaron dos palabras a fuego en la mente, TE QUIERO.
Danielle besó por última vez sus labios, antes de dirigirse a su cuello y morder.
Mary Anne en esos momentos experimentó una explosión de sensaciones en su interior, desde el vientre hasta la garganta, sentía que su vida se acababa, pero a la vez sentía que aquella sensación era la más placentera que había experimentado nunca, y fue con Danielle.
Su vida se iba, se sintió salir del cuerpo, y sintió un olor dulce y cálido, y un sabor salado, casi herrático, en su boca, un sabor que la instába a seguir chupando, a seguir extrayéndo ese líquido de dondefuera que fuese su recipiente.
Calleron los dos en la cama, forzados a un sueño ligero.
Los dos quedaron enlazados cuerpo a cuerpo, mente a mente, sangre a sangre.

Se quedaron juntos, abrazados el uno al otro hasta que el sol se ocultó tras el horizonte.
Mary anne experimentó un hambre atroz, involuntariamente buscó por todos los recovecos de la ermita, y no halló nada que meterse a la boca, pero no tenía ese tipo de hambre.
Recordó las atrocidades que le describió su amado una vez, la forma en la que ellos se alimentaban, no quiso hacer eso, se negó a pensar siquiera en hacerlo.
Danielle despertó después, tenía el rostro lívido, y su voz indicaba impaciencia? él también tenía hambre.
Salieron de la ermita como almas en pena, sucumbiendo al hambre vampirica. Sus cuerpos se camuflaban en la noche, y solo podían distinguirse a los ojos del vulgar, por el poco sonido que emitían sus pasos.

Llegaron a una granja de los alrededores de la ciudad, rápidamente pudieron comprobar que los habitantes dormían, con el sigilo de un gato, abrieron la puerta y se colaron en el interior.
La granja no era muy grande, en el salón se respiraba el silencio de la noche, solo interrumpido por el viento tocando los ventanales. Subieron unas escaleras, las cuales supusieron que daban con las habitaciones, escucharon cuatro respiraciones distintas. Una familia, pensó Mary anne.

Cogió a Danielle de la mano - no podemos hacerlo-. Concluyó antes de que él emitiera una sola palabra.

- No tenemos alternativa, amor.- Dijo el vampiro, haciendo una mueca que simulaba una sonrisa.- Ellos son nuestro alimento, es lo primero que has de aprender, a no verlos como antes, ahora sube conmigo y come, te hace falta.
Mary Anne no pudo reprimir un gesto de terror, le horrorizaba pensar que de ahora en adelante y para toda la eternidad, tendría que comer seres humanos.
Danielle se dio cuenta de la repulsión que le provocaba a su amada su nueva condición, así que decidió comer él primero.
Abrió la puerta despacio, y entró en el primer dormitorio. Un niño y una niña pequeños dormían plácidamente en la cama, sus caras eran preciosas, sus manitas pequeñas, se agarraban la una a la otra.
Danielle salió de allí, y Mary Anne lo siguió.

Volvieron a entrar en otra habitación, esta vez, los durmientes eran una pareja adulta, el vampiro se dirigió al hombre, no debía tener más de treinta años, aún así, parecía mucho mayor. La mujer, de espaldas a él, descansaba sobre su brazo, mientras que con el otro la tenía cogida por la cintura, una escena magnífica, de no ser por el terror que inspiraban las otras dos personas que los contemplaban.
Danielle, haciendo gala de una gran experiencia, pasó una auña por el cuello del hombre, acto seguido, y sin que él se enterase, empezó a chupar la sangre que manaba de su cuello, el hombre ni se enteró de lo sucedido. Y danielle comió ávidamente, cerró su herida con la saliva de su boca, no había derramado ni una gota de sangre.

-¿está muerto?- Preguntó Mary Anne.
-No, mañana se sentirá enfermo, y puede que la debilidad le dure hasta dentro de una semana, si nadie más se alimenta de él, puede que ni se entere nunca de lo que le ha pasado, los médicos le dirán que su debilidad es producto del esfuerzo y el trabajo.- Explicó.- Ahora te toca a ti, hazlo muy sutilmente, tu instinto te ayudará, no es tan difícil.
-No sé, no me atrevo, me dan mucha pena...- Recapacitó la muchacha.
Dannielle hizo un gesto de comprensión, la abrazó, y susurrándole al oído, la indicó a marcharse de allí.
Salieron de la casa como habían entrado, nadie se figuraría nunca que dos vampiros habían entrado. Mary anne iba sucumbiendo poco a poco en un estado de rábia y frustración, se sentía cada vez más sedienta, cada vez más incontrolada.
Danielle paró al salir de la verja que rodeaba la casa, una vez se escondieron en el bosque, pidió a Mary anne que bebiera de él, así contendría su sed hasta que llegaran a un sitio seguro.
Ella así lo hizo, no sabía por qué, pero alimentarse de Danielle, no lo veía como un acto tan horrible, muy al contrario, le provocaba un placer extremo.
Dannielle hizo un gesto de comprensión, la abrazó, y susurrándole al oído, la indicó a marcharse de allí.

- No debes alimentarte de otros vampiros, excepto de mí, Mary anne, es la ley. Si algún anciano te sorprendiera cometiendo este sacrilegio, te condenarían a una muerte horrible, y a mí también por haberte creado. ¿me comprendes?.- Explicó Danielle. Los Vampiros solo podemos alimentarnos de otros vampiros si entre nosotros tenemos un vínculo de sangre, este se crea cuando bebemos de un vampiro tres veces, Como puede ser con tu creador o "sire", o por algún vampiro con el que tengas una relación más personal, como es en nuestro caso, las dos cosas.- Concluyó besándola en los labios y bebiendo también de ella.
- Pero nosotros somos inmortales ¿no es así?.- Preguntó Mary Anne, cada vez más excitada.
- No exactamente amor.- Volvió a explicar Danielle mientras le acariciaba el cuello, y su voz se hacía cada vez más susurrante.- Los vampiros podemos morir bajo la luz solar, por eso vivimos de noche y durante el día dormimos, también se nos puede matar si se nos corta la cabeza o si nos queman. Todas son muertes horribles. El suelo sagrado, algunos lo soportamos más que otros y respecto a las estacas... solo nos paralizan. Todas las historias que se cuentan sobre nosotros, son puras tergiversaciones que hemos inventado nosotros mismos para protegernos.- Su voz era cada vez más cálida. En el horror de sus palabras se escondía la melodía de una música celestial que provocaba en Mary anne la más absoluta tranquilidad.

Salieron del bosque y se dirigieron hacia su hogar, allí en el estudio, Jazzmina les estaba esperando, ella era una de las criadas de la casa, normalmente se Dominique se alimentaba de ella, cuando el hambre era insoportable, Danielle invitó a Mary anne a hacerlo también.
Jazzmina se acercó a Mary anne con la dulzura de una niña pequeña, y le ofreció su muñeca.
-No se preocupe, señora, no duele.- Le dijo la criada con una sonrisa en los labios al ver que la muchacha todavía estaba reticente.

Mary anne mordió a la chica en la muñeca, sus colmillos atravesaron la carne y se hundieron en la vena que circulaba por allí, poco a poco la sangre fue accediendo a la garganta de Mary anne como un elixir único y precioso, bebió... bebió mucho... Algo falló.
Jazzmina calló al suelo desmallada, y Mary anne no pudo reprimir un grito de terror ni unas lágrimas ávidas de salir de sus lacrimales.
Danielle cogió a Jazzmina sin mediar palabra, la acomodó en uno de los sillones y vertió algo de su sangre en la boca de la muchacha, poco a poco Jazzmina volvió a recuperar el conocimiento.
Vió como Mary anne lloraba.

Se incorporó despacio, ayudada por Danielle, fue hacia donde estaba Mary anne.
- No se preocupe, señora, a veces pasa, pero entonces o el señorito Danielle o la Señora Dominique, me dan una medicina, y ya pasa todo.- Dijo tranquilizando a la muchacha.- Disculpen ahora, he de ir a descansar.- Concluyó dirigiéndose hacia su habitación.- Les dejo solos.

Mary anne no paraba de llorar, las palabras de Jazzmina no la consolaron. Mil preguntas acudieron a su mente como una flecha hirviente, mil preguntas que no tenían respuestas, ella era ahora un vampiro, no era humana, no podía tener una relación normal con ningún ser humano, serían su comida, su sustento sería su sangre, y eso era inevitable.
Danielle se sintió herido por la frustración que había provocado en su amada, él también se encontraba mal, había hecho lo que prometió a Dominique, había aguardado hasta que ella le dijo que quería compartir su maldición, pero su amada no estaba preparada para ello, solo había accedido por él, no podía evitar sentirse culpable por ello.

Se sentó al lado de Mary Anne, abrazándola, se sentía mejor, se sentía vivo, se sentía amado, sentía como su mundo era ella y como ella se había vuelto fría, inerte... como él.
Había creado a su primer vampiro de un amor tardío, de un amor que llegó en el ocaso de su vida y que lo había instado a seguir en un mundo en el que él se sentía una sabandija terrible, un monstruo terrorífico al que todo el mundo le tenía miedo, menos ella, la causante de su alegría se había transformado por su culpa en algo tan horrible como él, todo por su culpa.
Mary anne también lo abrazó, había dejado de llorar, y sus convulsiones habían parado un poco, susurró algo al oído de Danielle. Un imperceptible "te quiero", aplacó los desesperados pensamientos del Vampiro.
- Estoy dispuesta a aprender todo lo necesario para no volver a hacer lo que ha pasado aquí esta noche, estoy dispuesta a correr todos los peligros que hagan falta, me ocuparé de estudiar las leyes de los vampiros, e iré a donde tú vayas.- Le dijo, apasionada.- Solo quiero que me prometas dos cosas.
-Lo que quieras.- Prometió Danielle.
-Que no te separes de mí.- Danielle la interrumpió con una sonrisa y un beso en los labios, eso está hecho, susurró. Mary anne lo separó de sí instándolo a escuchar la segunda promesa.- Si alguna vez decido ver un amanecer... no me lo impidas.- Concluyó.
11/06/2004 11:41 #. Tema: Cuentos Hay 3 comentarios.

Pasaba por allí...

El día amaneció gris, nublado, sin vida. Su astío era un perfecto compañero de viaje, nadie a quien mirar, nada que escuchar... perfecto. Subió la calle perpendicular a la suya, la que conducía hasta el metro. El coche se había estropeado... por enésima vez en un mes. El transporte público últimamente la agobiaba en demasía, solo caras grises, andares grises, ciudadanos vestidos con el traje gris que las sábanas le habían puesto antes de levantarse de sus cómodas camas.
Bajando las escaleras que conducían al anden, pensó en no ir a trabajar aquel día, sin pensárselo dos veces, llamó al trabajo y les dijo que se encontraba mal, no iría hoy, hoy no.
De todas maneras bajó al metro, se fundiría con la ciudad, iría al centro.
El trayecto en metro fue como esperaba, la gente se vuelve muy "especial" cuando acaba de levantarse.
Bajó en la parada que correspondía al barrio gótico de la ciudad, Subió las escaleras, unas gotitas le anunciaron que iba a empezar a llover en breve, y por el color del cielo, no sería una lluvia ligera.
Bajó por las ramblas hacia paseo Colón, aquella avenida le gustaba mucho en los dias como aquel, a penas había gente, tan solo los trabajadores callejeros habituales por ese lugar...
Mirando el cielo, se distrajo durante un segundo y tropezó con alguien, hizo amago de disculparse... pero algo la calló. El hombre con el que acababa de tropezar a penas se movió, era un mimo que la miraba con ojos impasibles y con media sonrisa en la cara.
Le sobrepasaba una cabeza y estaba vestido de blanco y negro, con un gorrito con cascabeles a modo de arlequín, el maquillaje le corría por la cara a churretes provocado por la lluvia.
-Perdón.- Se disculpó.
El mimo no se movió, ella hizo por seguir su camino, de repente el mimo se movió y le cortó el paso, adoptando la misma posición que ella.
Le hizo gracia y le sonrió, el mimo también sonrió.
Ella dio otro paso para intentar pasar, el mimo volvió a cortarle el paso.
Ella puso sus brazos en jarras y adoptó un rostro desafiante, el mimo hizo lo mismo.
La lluvia empezó a caer mas fuerte, pero el mimo no se movió de donde estaba, ella tampoco, se quedaron mirándose a los ojos durante un rato, bastante largo, por lo visto a ninguno de los dos les molestaba el agua que caía.
Ella alzó la mirada hacia el cielo y cerró los ojos, contó hasta tres y volvió a abrirlos, el mimo la estaba mirando, entre confuso y divertido.
-¿Acabamos el jueguecito?- Le preguntó ella.- Me llamo Lucía.- Hizo el gesto de darle la mano.
El mimo hizo el mismo gesto, aunque antes se "secó" en el pantalón- Amador-Contestó él.
-Encantada de conocerte Amador, el tiempo no acompaña, pero de todas maneras, muchas grácias por hacerme reir.
-Te conozco.- Le dijo de repente- Te he visto en alguna parte, pensé que me habías reconocido, pero creo que me he confundido de persona.
Lucía se quedó como paralizada, tal vez fuese el maquillaje, pero no lo reconocía, y ella nunca olvidaba una voz.
-Pues yo creo que si, que te has equivocado de persona, yo a tí no- Rió de nuevo, miró de nuevo al cielo, la lluvia no cesaba.-Oye, vamos a cojer un catarro, ¿te apetece un café?-Preguntó sin pensar.
-Bueno, si, nos estamos empezando a mojar.
Rieron de nuevo, ya estaban empapados de pies a cabeza.
Bajaron la avenida tranquilamente, sin prisas, ya estaban mojados, ¿para qué correr?, Amador le contó que había conocido a una chica muy parecida a ella en la universidad, en el grupo de teatro, un año no volvió, alguien le dijo que se había ido a buenos aires, de donde era, por eso la paró en la calle, por que se pensaba que era ella.
Llegaron a la cafetería deseando tomar un buen café caliente, él se fue al baño a quitarse el maquillaje de la cara, ella pidió los cafés. De repente un mareo la hizo tambalearse, calló, calló muy hondo... hasta que despertó, completamente seca, en un bagón de metro, el interfono anunció que la proxima parada era la cercana al centro de la ciudad.
Bajó del metro y subió las escaleras, unas gotas le anunciaban que iba a empezar a llover...
11/06/2004 12:22 #. Tema: Cuentos Hay 1 comentario.




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Felix qui potuit rerum cognescere causas. (Virgilio)

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